miércoles, 12 agosto 2020
11:22
, última actualización

Las trampas del emprendimiento femenino

Image
Pepa Violeta Pepavioleta
05 ago 2019 / 09:52 h - Actualizado: 05 ago 2019 / 09:56 h.
"Tecnología","Opinión","Podemos","Espacio","Impuestos","Mercado laboral","Crisis","Empresas","Comercio","Hostelería","Formación","Pobreza","Financiación","Menores","Conciliación"
  • Las trampas del emprendimiento femenino

La última crisis económica, de la que aún andamos recuperándonos, ha sumido al país en un proceso coyuntural bestial. Ha arrasado con una clase media, que hasta ahora había servido para amortiguar los embates iniciales en estos procesos de cambio; y nos ha recolocado a las mujeres en el mercado laboral, dejándonos en una situación peligrosa.

Siempre que la parábola cambia de sentido y tocamos el punto de inflexión, las mujeres empezamos a plantearnos si es ahora el momento de demostrar que nosotras también somos capaces de crear tejido empresarial y levantar la economía. Acciones heroicas que llevan adjudicándose los hombres desde que el mundo es mundo.

Justo este momento histórico que estamos viviendo, ha propiciado que las mujeres dejen atrás miedos limitantes para adentrarse en el mundo del emprendimiento.

Pero este espacio de empowerment y liderazgo tiene asociado unos peligros que rara vez evaluamos. Quizás, nuestras ganas de demostrar que somos capaces y válidas nos aleja de momentos para reflexionar y plantearnos si realmente estamos siendo usadas y manipuladas por el capitalismo y el patriarcado. Con nuestro diploma de empresaria debajo del brazo, ocupamos espacios laborales precarios que siguen manteniendo intactos nuestros niveles de pobreza, produciendo a destajo y de forma desequilibrada para una sociedad que no busca nuestro crecimiento profesional, sino mano de obra y materia gris a coste cero.

Hay datos fresquitos que ponen de relieve las dificultades a las que tienen que hacer frente las mujeres cuando deciden montar sus propias empresas. Muchas de ellas, con la esperanza de ponerle solución al espinoso tema de la conciliación y no estar supeditadas a los mandatos de un mercado laboral tirano. Donde la salud de las mujeres, el bienestar emocional y físico, el desarrollo profesional y personal ni siquiera se plantea como eje trasversal en las políticas de recursos humanos. Pese a este contexto desolador, el tejido empresarial femenino crece en España, aunque de forma precaria y a trompicones, para propiciar de alguna manera un cambio en el modelo laboral androcentrista tradicional.

Así, la red de mujeres profesionales Womenalia ha realizado una encuesta en redes sociales, a más de 500 mujeres, para conocer la opinión de las que se han lanzado a montar un negocio, y por otro lado, poner de manifiesto los motivos de las que no se han atrevido. El 93,2% cree que actualmente no hay suficientes ayudas para ser emprendedora, y el 91,9% echa de menos más medidas en esta materia. Además, el 67,7% opina que en el mercado tampoco se dan las condiciones idóneas para crear una empresa. Algunas de las conclusiones que se desprenden de esta encuesta es que las emprendedoras y aspirante, demandan más formación y ayudas económicas y menos burocracia e impuestos. También se menciona la necesidad de adoptar medidas para facilitar la conciliación. En definitiva, implicación gubernamental y yo añadiría presión social, para facilitar el proceso de crecimiento empresarial de las mujeres. Si es verdad que nuestro país se encuentra por encima de la media con respecto a otros países europeos de mujeres empresarias y autónomas. Pero que no nos vendan la moto de que la precariedad del autónomo es generalizada y los hombres también la sufren. No podemos olvidar que a este penoso contexto, hay que añadir que las mujeres además se enfrentan a normas sociales y culturales, están educadas con principios patriarcales hegemónicos, que las hace elegir, culparse si no están 100% implicadas o retirarse cuando están en pleno ascenso para atender a los cuidados, la maternidad y “obligaciones familiares varias”.

Tiempos y prioridades no son equiparables a las de los hombres. Por eso las mujeres a la hora de emprender suelen ser más cautelosas y el miedo al fracaso es mayor que el de sus compañeros varones, que desconocen el significado de la palabra renuncia. Que desconocen los estragos de la culpa dosificada durante años para hacernos vulnerables y temerosas.

Otros datos curiosos, son los motivos por el que las mujeres se adentran en el mundo del emprendimiento y es precisamente dar solución a conflictos laborales/familiares, como si el tema de la conciliación fuera competencia exclusiva de las mujeres. Como si fuéramos nosotras las responsables de dar solución a un problema de Estado. A la hora de emprender, el 31% de las encuestadas afirman haberlo hecho para conciliar su vida personal con la profesional, el 20,2% por necesidad y tan solo un 17,5% lo hizo por una oportunidad de mercado. Pero, una vez deciden montar un negocio, la principal barrera que encuentran el 31,6% de ellas, es el acceso a la financiación. Mientras que el 23,1% destaca la dificultad para encontrar a los socios adecuados.

Con respecto a los sectores en los que las mujeres empresarias se mueven, también la losa patriarcal pesa y mucho. En este pesado camino de seguir modelos tradicionales, el 48% de las mujeres que emprenden, trabajan en comercio y hostelería, existiendo porcentajes menores de emprendimientos femeninos en sectores de I+D+i. Por lo que gran parte de las empresas que las mujeres crean son más pequeñas, de menor tecnología y producen a una escala menor. Quizás un apoyo financiero fuerte, educación a nivel transversal en igualdad, más coaching y mentorización y facilitar la hiperconexión con mujeres empresarias de distintos sectores y países, podría disipar la bruma. Por eso cuando hablamos de que las mujeres copan parte del sector empresarial, hay que plantearse bajo que condiciones lo hacen. Y sobre todo quién se beneficia de esta precariedad, quién se beneficia de que las mujeres sigamos sacrificando nuestro tiempo, talento y recursos. Formar parte de esta estructura diseñada por y para hombres, nos convierte en un instrumento más. Mutila nuestras posibilidades de crear capital desde una prisma diferente, solidario y humano.


  • 1