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25 jun 2016 / 21:50 h - Actualizado: 25 jun 2016 / 21:55 h.
"Aeronáutica","Scripta manent"

La llegada al Aeropuerto de San Pablo del primer avión que se propulsa exclusivamente con energía solar ha vuelto a situar a Sevilla en la simbólica carta de navegación de la historia de la aviación, como ocurriese en tantas ocasiones.

Cerrar filas en torno a la industria aeronáutica con base de vanguardia en la capital hispalense es hacerlo también en torno a su último siglo de historia. En menos de cien años, Sevilla ha sido el escenario para hitos como el de la inauguración de la primera ruta comercial española, que comenzó a operar entre la ciudad andaluza y la marroquí de Larache en 1922. O como el vuelo transoceánico que llevó al Cuatro Vientos desde el aeródromo de Tablada al de Camagüey, en Cuba. Los cielos sevillanos tronaron con los rugidos del primer reactor fabricado en España, el Saeta, y muchos años más tarde, en 1999, con los del mismísimo Concorde que hizo pruebas de despegue y aterrizaje en la pista 09-27 del aeropuerto de la ciudad.

Otros iconos de la aviación, como el Graf Zeppelin también habían querido firmar su visita sobre la vertical de la ciudad, haciendo que sus comandantes dejaran anécdotas costumbristas en las páginas de la crónica apócrifa de otros tiempos, como la de aquel aviador que quiso coger unas naranjas de los campos de frutales de San Pablo directamente con sus manos, para llevárselas en un cesto a su mujer, de vuelta a Alemania. O como la de aquellos otros compatriotas suyos que, ya a mediados del siglo XX, escogieron las mesas entre tinajones de vino de la Bodega Morales para apartar cuartillos de tinto y papeles de estraza con embutidos de Cumbres Mayores y desplegar los planos en los que habían plasmado sus revolucionarias ideas de aparatos con los que se disponían a conquistar los cielos, desde las naves de Triana en las que se forjaba la leyenda de la industria aeronáutica sevillana.

Hace apenas seis años fue el A400M, el avión que, al margen incluso de la excelencia industrial y tecnológica, suponía la capacidad de trabajo en común de los socios tecnológicos de Europa, como paradigma de la unión entre intereses estratégicos. La potencia de sus cuatro turbohélices hacían a un enorme aparato liberarse de la atracción del asfalto de San Pablo, simbolizando con ello el despegue de un nuevo hito histórico de la aviación con escenario en Sevilla, que también escribió capítulos dramáticos, como el accidente de uno de ellos en pleno vuelo de prueba. Y otros que no se escribieron, como la llegada del transbordador espacial a la base de Morón de la Frontera, habilitada como pista alternativa a Cabo Cañaveral en la Europa Occidental, en caso de urgencia para las aeronaves que se convirtieron en icono de la carrera espacial en el cambio de siglo, y que podrían haber sobrevolado también cielos sevillanos.

Casi 113 años después de que los hermanos Wright escribieran la primera línea de la historia de la aviación, el Solar Impulse 2 protagoniza en su vuelta al mundo el cambio de era, hacia la travesía de los cielos con energías limpias. Y Sevilla, por supuesto, tenía que ser escenario para uno de los capítulos de la historia, tal y como lo fue de otros hitos de la aviación. Nueva York, Sevilla. Sevilla, Larache. Sevilla, Camagüey... El nombre de la capital de Andalucía está indisolublemente asociado a las gestas que marcaron el rumbo de la aviación, como siglos antes lo hicieron con los nuevos límites del mundo, en las proezas firmadas por Colón y por Elcano.

La falta de perspectiva —han pasado menos de cien años desde que una aeronave trazó por primera vez una estela en el horizonte de la ciudad— hace probablemente que hoy no seamos conscientes de la verdadera importancia de todo lo relacionado con la aeronáutica para Sevilla. Probablemente, tampoco lo fueron los sevillanos de su época al ver llegar a puerto los mástiles de los aparejos de la nao Santa María o de la Victoria. Será el relato de los tiempos el que colocará a la ciudad en las páginas principales de las distintas eras de la aviación, gracias a quienes decidieron adelantarse a sus propios contextos para visitar un futuro que se escribía en el horizonte. Arriesgando, como en todas las empresas que suponen una ruptura con lo establecido. Como todo aquello que tiene que ver con el progreso, con estar a la vanguardia.

No solo es importante el reconocimiento, sino también el impulso. Y que en la sociedad sevillana comience a instalarse como ya está haciendo, la conciencia sobre la importancia de una industria asociada a la investigación y a la formación de excelencia, será la mejor garantía para que la ciudad no abandone el puesto que se ha ganado a pulso en la historia de la aeronáutica, y en la que esta semana ha vuelto a escribir un capítulo imprescindible. De nuevo en los albores de una nueva era, en la que conoceremos viajes limpios y silenciosos, también surcando los cielos. Queriendo asumir el protagonismo en los primeros pasos hacia una nueva realidad. Dibujando horizontes que nacieron de las mentes que realmente son capaces de revolucionar el mundo, que son aquellas que no conocen la definición de los límites.


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