La Gazapera

Llorando por el Niño de Marchena

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
03 dic 2022 / 10:14 h - Actualizado: 03 dic 2022 / 10:15 h.
"La Gazapera"
  • Niño de Marchena con Eva Duarte de Perón. / El Correo
    Niño de Marchena con Eva Duarte de Perón. / El Correo

Parece que fue ayer, pero el próximo domingo, 4 de diciembre, se cumplirán 46 años de su muerte en Sevilla. Tuve mi etapa antimarchenista, por creer hasta las últimas consecuencias en los destructivos postulados mairenistas. Que un chaval de 16 o 17 años dijera en Sevilla que le gustaba Marchena, era motivo de mofa. Te tenían que gustar los Mairena, Juan Talega, Lebrijano o Chocolate. Me encantaban ya estos fenómenos del cante, pero también Manuel Vallejo o Valderrama, que, como Marchena, estaban casi prohibidos en los programas de radio del mairenismo.

Mi madre cantaba de maravilla, aunque jamás lo hizo en público, y alguna vez le escuché interpretar alguna de sus guajiras o milongas. Su voz era un tirabuzón de hilos de seda y vocalizaba perfectamente. Pero tenía el problema de que se ahogaba cantando, porque se emocionaba demasiado. Me ocurre lo mismo siempre que intento escribir sobre el Niño de Marchena: que me emociono, lloro y se mojan las palabras.

Nunca hubo en la historia del cante andaluz una voz como la de don José Tejada Martín, el Niño de Marchena, Pepe Marchena o el Maestro de Maestros, como lo llamó el célebre locutor de radio Bobi Deglané. Es verdad que Marchena se lo llamaba así mismo, pero como deferencia al periodista. Y que era extraordinariamente vanidoso, como todos los genios, y él sabía que lo era. Todos los genios del cante acabaron haciéndose un santuario.

No nace un cantaor como el marchenero todos los días y fue a nacer en un pueblo sevillano de la Campiña, donde se dieron siempre unas voces ágiles, veloces, almibaradas y pulcras. Pero lo del Niño de Marchena fue una verdadera revolución, quizá la más grande de un cantaor andaluz. Todo fue salir de niño y ya sabían de él grandes artistas del cante como Fosforito el de Cádiz, don Antonio Chacón o la Niña de los Peines.

Pastora, la cantaora gitana de San Román, sintió por él una admiración sin fisuras, hasta el punto de que era capaz de enfrentarse a su propio marido, Pepe Pinto, si osaba cuestionar su calidad de cantaor por derecho, como hizo alguna vez. “Tú te callas, Pepe, que de esto no sabes nada”, le dijo una vez, porque comentó que cantaba “de teatro”. Y es que el Niño de Marchena, aunque fue idolatrado por muchos artistas, a la vez fue también de los más cuestionados por otros.

Mairena llegó a decir que era “un ídolo falso”, aunque en otras ocasiones lo elogiara, casi siempre con la boca chica. Eran dos grandes cantaores, cada uno en su estilo, pero el mairenero no llegó nunca a tener la fama del marchenero, ni su carisma como artista. Nadie tuvo el carisma de Marchena, dentro y fuera de los escenarios. Uno de sus grandes admiradores y seguidores, don Juan Valderrama, me dijo que la gente se salía de los bares en la Gran Vía de Madrid para verlo andar “como un maniquí de carne y hueso”.

Es bueno llorar por un cantaor, por su ausencia, aunque nunca se vayan del todo. Desde luego, el Niño nunca se fue.

Una voz de seda pura,

que afinó como un jilguero.

Su cante fue la locura

de los pajarillos nuevos.


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