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La vida del revés

Los exámenes ‘online’ son un chollo y una injusticia

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07 feb 2021 / 15:04 h - Actualizado: 07 feb 2021 / 15:20 h.
"Opinión","Educación","Internet","La vida del revés"
  • Clase ‘online’. / EFE
    Clase ‘online’. / EFE

Que eso de las clases online se ha convertido en un coladero y en una inmensa injusticia es una evidencia. Es una vergüenza lo que está sucediendo.

Por mucho que los profesores se afanan por evitar que los exámenes se conviertan en un festival de luz y de color, los estudiantes logran evitar los controles y encuentran la forma de contestar las preguntas con todo tipo de ayudas. Se han llegado a detectar suplantaciones de identidad y numerosas ofertas en Internet en las que se ofrecen aprobados utilizando distintas estrategias. Es llamativo cómo las calificaciones han sido especialmente buenas al final del curso pasado y es asombroso el raquítico número de suspensos que se han acumulado. Es como si el fracaso escolar en España (una lacra que arrastramos desde hace años) hubiera desaparecido. Durante el confinamiento, los padres se han puesto las botas contestando los exámenes de sus hijos. Tal vez creían hacerles un enorme favor. Y no, porque, ahora que ya están en las aulas, vuelven a ser estudiantes mediocres que no van a sacar el curso en junio ni a la de tres. No hace falta decir que son muchos los estudiantes que se esfuerzan y son los grandes perjudicados de todo este asunto. Se verán acompañados en la promoción por unos leños. Un coladero injusto.

Pero esa injusticia se multiplica si el estudiante vive en un suburbio o en una zona rural abandonada. Aunque a algunos les parezca mentira, hay cientos de niños que no disponen de un dispositivo con el que poder dar clases como el resto de sus compañeros, o no tienen luz en casa porque viven en una zona en la que la compañía suministradora la corta por existir enganches ilegales. Y esos barrios y en esos pueblos en los que la cobertura de Internet es nula, viven niños con talento, dispuestos a esforzarse para salir de un agujero en el que han nacido y parecen condenados a sufrir. ¿Cuánto potencial intelectual se pierde en España sin que seamos conscientes?

Los exámenes deben ser presenciales. Si hay que examinar en diez o quince tandas a los distintos grupos que se haga. Si los exámenes son orales a través de una pantalla, así tendrán que ser. Y si hay que contratar profesores para que tengan que dar clases en casa a niños en clara desigualdad, habrá que contratarlos. No creo que ni un solo español esté en contra de una inversión que aporta puestos de empleo, conocimiento a los alumnos menos protegidos, y un futuro mejor para el país. La educación no es un gasto, es una inversión.

Y las clases deben impartirse en el aula salvo que no exista otra solución. Es así de fácil.


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