miércoles, 23 junio 2021
04:00
, última actualización

Los jóvenes que se contagian de Covid-19 no son peligrosos criminales

Image
25 may 2021 / 10:28 h - Actualizado: 25 may 2021 / 10:40 h.
"Opinión","La vida del revés","Vacunas","Pandemia"
  • Fotografía de Joan Mateu. / AP
    Fotografía de Joan Mateu. / AP

Los jóvenes sevillanos son los que más se contagian del conjunto de la población de la provincia. Claro, son los que nos están vacunados. Y, aunque es verdad que no son un ejemplo de responsabilidad, son los que menos padecen la Covid-19 de forma agresiva o terminan en una cama de hospital.

En concreto, los jóvenes de entre 20 y 24 años son los campeones actuales de contagios. Ese grupo, está 127,6 puntos por encima de la tasa provincial (casos por 100.000 habitantes acumulada a 14 días). Son muchos casos y algunos de ellos se acumulan en un solo brote como el de la residencia de estudiantes de Sevilla en el que se han confirmado 26 casos.

¿Hay que criminalizar la actitud de la gente joven durante esta pandemia? Pues yo creo que no. En primer lugar, no todos los que hacen botellón, o no llevan la mascarilla puesta, o no guardan la distancia de seguridad, o no se lavan las manos (cochinos siempre hubo y de todas las edades); no todos, decía, son jovencitos descerebrados y estúpidos. En las imágenes que se ven en los medios de comunicación, se pueden ver a unos sujetos entrados en años que hacen el imbécil con una copa en la mano como si tal cosa. Además, los jóvenes demostraron una enorme paciencia durante el confinamiento y un comportamiento ejemplar. Los hombres y mujeres jóvenes de este país son, en general, trabajadores, sensatos y buenas personas. Pero son jóvenes y eso solo se cura con el tiempo.

Los jóvenes, con pandemia o sin ella, creen ser inmortales. Y si la enfermedad que acecha afecta gravemente a los mayores y mínimamente a los de menos edad, el sentimiento de inmortalidad se multiplica.

Los padres y madres hemos dimitido hace ya muchos años (en algunos aspectos) de la educación de nuestros hijos. Uno de ellos es en este que tiene que ver con las salidas para hacer botellón sin que parezca que están metiendo la pata (hacer botellón es meterla hasta el corvejón). ¿Acaso algún padre no sabe que su hijo o su hija (que no son santos aunque lo queramos) sale y se quita la mascarilla, y se arrima más de la cuenta a otros, y se besa, y se acuesta y lo que haga falta? Pues entonces, si no somos capaces de evitarlo tampoco debemos criminalizar su actitud.

Lo que hay que hacer es no enviar mensajes confusos a los jóvenes (desde el Gobierno y en las Comunidades Autónomas no han acertado a decir las cosas de forma clara y sin cambios absurdos); lo que hay que hacer es hablar con ellos en casa por si causa algún efecto en lugar de hacer como si aquí no pasara nada; y lo que hay que hacer es vacunar a estos jovencitos para romper cadenas de contagios muy importantes. Algún país ha optado por vacunar a los jóvenes primero por esta razón. Podemos hacer muchas cosas excepto echar las culpas a los chicos y chicas españoles de la que se ha liado en el mundo entero.


Edictos en El Correo de Andalucía Empleo en Sevilla