Los medios y los días

Los judíos y los sombreros de Sevilla

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20 ene 2022 / 04:00 h - Actualizado: 20 ene 2022 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • EFE
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Guárdenme el secreto, no le digan a nadie que simpatice mucho con EEUU, no le digan a los que, para criticar a España, siempre están diciendo: “pues eso en Estados Unidos no pasa”, no, no les digan que he visto en la web de la agencia rusa Sputnik, que en Sevilla se fabrican muchos de los sombreros que portan los judíos en el mundo. A ver si se van a creer que soy un agente secreto pagado por Putin. El caso es que, miren, dice Gonzalo Wancha en Sputnik que “los sombreros favoritos de los judíos son de Sevilla”.

Durante siglos -escribe Wancha- no llevarlo implicaba ir desnudo en plena calle. Hasta el primer tercio del siglo XX el sombrero era indispensable y una de las fábricas más importantes del mundo fue la de Sevilla. Hoy, el sombrero es una rareza en la moda y en la calle, pero la fábrica sevillana sigue abasteciendo a medio mundo, sobre todo al judío. En cualquier rincón del planeta, sobre todo en EEUU o en Israel, la comunidad religiosa judía se rige por unas reglas estrictas que implican el uso de sombrero desde que los niños entran en la adolescencia. Muy probablemente, todos esos sombreros abombados y oscuros que pululan por Nueva York o Tel Aviv, lo sepan o no sus portadores, fueron hechos en la fábrica sevillana de Fernández y Roche. “Lo que hacemos para el mercado judío supone un 70% de nuestra actividad económica”, cuenta Enrique Fernández, presidente de la empresa desde hace 15 años.

En las oficinas de Fernández y Roche calculan que la comunidad judía ortodoxa que potencialmente compra sus sombreros ronda el medio millón de personas. El cliente ortodoxo renueva su sombrero cada tres años gastando hasta 300 dólares. En la fábrica de sombreros sevillana trabajan unas 50 personas. Añade el reportaje editado por los malignos rusos que los sombreros de las marcas de moda más exclusivas e influyentes de París y del mundo también se hacen en la fábrica de Sevilla, “de donde además salen los 15.000 sombreros/año de los uniformes de las azafatas de una aerolínea árabe”.

Ya saben que hoy, el sombrero solo forma parte de la rutina de personas como la reina de Inglaterra “que se calcula ha vestido más de 5.000 sombreros”. Pero hubo un tiempo en que las mujeres eran mal vistas si no llevaban sombrero hasta el punto de que algunas de ellas fueron apedreadas por quitárselo en símbolo de rebeldía ante una prenda que consideraron impuesta. Fue el movimiento de las Sinsombrero, “mujeres de la Generación del 27, pintoras, poetas, novelistas, escultoras e ilustradoras que prescindían de sus sombreros para romper con las normas de la España de los años 20 y 30. Fueron rompedoras, transgresoras y valientes. Dos de ellas, Margarita Manso y Maruja Mallo fueron apedreadas en el centro de Madrid por pasear sin sombrero”. Y aunque parezca una broma la aparición del coche de gasolina, el que terminó con los de caballos, supuso una crisis para el sombrero porque había que quitárselo para entrar en un auto con la incomodidad constante que eso suponía y el peligro de perderlo.

A pesar de la pandemia y de la crisis de suministros, la fábrica de sombreros de Sevilla mantiene un crecimiento sostenido en los últimos años, “a futuro, creo que el sombrero perderá ese cliché de prenda clasista, las casas de moda más influyentes están optando por volver a comprarnos sombreros sin ningún ejercicio de captación o marketing por nuestra parte”, señala Fernández, según el reportaje de los rusos de Sputnik. En el mundo, el sombrero que se fabrica en Sevilla —con fieltro de pelo de conejo— convive con otras grandes familias como el sombrero Panamá o el Tejano.

A título personal aprovecho para decirles que la expulsión de los judíos fue un gran error, si bien hay que tener en cuenta que los Reyes Católicos perseguían un estado moderno bajo un solo cetro y una sola religión. Ganaron los católicos a pesar de que todos veneraban al mismo Dios y a pesar de que los judíos apoquinaron para descubrir América, aunque también es cierto que apoyaron a los islámicos. Para mí que si tuviéramos sefardíes aquí, en convivencia con los católicos, el metro y la SE-40 ya estarían hechos, con túneles y todo.


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