La vida del revés

Los juegos olímpicos y el orgullo de ser español

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25 jul 2021 / 12:57 h - Actualizado: 25 jul 2021 / 13:19 h.
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  • Mireia Belmonte se quedó a centésimas del bronce en 400 estilos. / EFE - Fernando Bizerra
    Mireia Belmonte se quedó a centésimas del bronce en 400 estilos. / EFE - Fernando Bizerra

Ya he dicho alguna vez que soy de los que piensa que la única forma que existe para que los españoles hagan exactamente lo mismo, sin diferencias y sin polémicas absurdas, es ganar un mundial de fútbol (todos celebramos el gol de la victoria y el pitido final en un mismo instante y con la misma fuerza); o esperar a que llegue el día 31 de diciembre, que comiencen a sonar las campanadas (todos los españoles tomamos nuestras uvas con la misma cadencia e ilusión) y miremos la pantalla del televisor entre emocionados y aturdidos por todos los planes de futuro. Cualquier otra cosa, el pueblo español es capaz de convertirlo en un conflicto, en un continente de diferencias insalvables. Y eternas.

Pero tengo una buena noticia. Ya la saben ustedes aunque conviene recordar que los españoles somos capaces de animar a la delegación española que se encuentra compitiendo en los Juegos Olímpicos de Tokio (en cualquier cita olímpica). Sea cual sea el deporte, sean hombres o mujeres, entendamos las reglas de juego o no sepamos una sola palabra sobre lo que miramos, los españoles animamos a nuestros deportistas con generosidad, olvidando si son catalanes, vascos o andaluces; sin fijarnos en el club en el que juegan las competiciones nacionales cada uno de ellos; sin dejarnos llevar por nada que no sea la simpatía que despierta una representación tan sana, tan pura y tan esencial como es la que supone un deportista demostrando que el esfuerzo de cuatro años puede poner a todo un pueblo a un lado de una raya imaginaria que tantas diferencias provoca de forma regular.

La juventud, el esfuerzo, las ganas de representar a tu país, el amor por el deporte y por todo lo que representa y la maravilla que supone respetar al contrario, alegrarte por los éxitos ajenos o celebrar lo que eres sin contar con lo que tienes, es la esencia de lo que nos llega a través de las pantallas de televisión o de las cadenas de radio. A pesar de que los Juegos Olímpicos de Tokio están siendo extraños y, reconozcámoslo, tristes, la ilusión de los deportistas está por encima de todo. Y el orgullo de pertenecer a un país que, con todos sus problemas y diferencias internas, siempre ha sido capaz de reponerse de los golpes para seguir adelante.

Los deportistas españoles logran algo maravilloso cuando compiten y nos representan en unos juegos olímpicos porque nos hacen sentir orgullosos de lo que somos. Y eso no tiene precio. Por eso el apoyo a nuestros deportistas es incondicional; porque son como las uvas en verano.


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