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Los medios y los días

Los “muros” de la prensa

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18 oct 2020 / 04:00 h - Actualizado: 18 oct 2020 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • Los “muros” de la prensa

Resulta que está uno leyendo un reportaje que te llega por Internet o directamente al móvil y de pronto se va difuminando y un letrero te dice: si quiere seguir leyendo, pase por caja, suscríbase. Eso es un muro en la prensa. Parece como si quisieran imitar una especie de coitus interruptus. Comprendo que los periodistas tienen que comer, que mis alumnos tienen que comer, pero es que el fallo estuvo al principio, en el inicio: si me das contenidos gratis, ahora no me los cobres porque eso es como regalarme un derecho y luego arrebatármelo o como ponerme una loncha de jamón de Jabugo en el paladar y pretender retirármela cuando empezaba a saborearla, fíjense si le doy importancia al periodismo.

Lo que ocurre es que cada vez hay menos personas imprescindibles en todo, empezando por el periodismo, dada la enorme cantidad y calidad de oferta informativa y formativa que ofrece gratis Internet. Las firmas -salvo excepciones muy contadas- no tienen la importancia de antes porque hay muchas otras iguales o mejores que se pueden consultar gratis y cuando quieran cobrarte te cambias de nombre. Sé que hay personas que pagan, sobre todo en Estados Unidos con The Washington Post y The New York Times pero es que el público americano no es el europeo que es mucho más sabio y sabe que cada vez hay menos cosas nuevas bajo el sol y que lo que te cuenta una celebridad, cobrando, lo encuentras escrito por cien celebridades iguales o mejores de manera gratuita, en sus webs personales. O por la misma celebridad que en un sitio la ocultan tras un muro y en otro no.

Las celebridades de los más o menos jóvenes son youtubers y otros predicadores; las celebridades de millones de personas son los predicadores de la radio: Carlos Herrera en la Cope, Carlos Alsina en Onda Cero, Àngels Barceló en la SER. Todos son gratis. Cuando aparece ante mí un muro digital que pretende cobrarme por seguir leyendo un artículo de Mario Vargas Llosa o un reportaje cualquiera, me echo una sonrisa y me largo a otro lado porque la canción de Vargas Llosa ya me la sé y porque la temática del reportaje está en mil sitios diferentes y además gratis, que es la palabra que más me gusta, no amor o solidaridad, eso para las ONGs y para el papa y su fraternidad. Gratis.

Ya sé que no hay nada gratis y que el producto soy yo y todas esas monsergas, eso ya lo sé. A esa realidad enfrento otra: paso de la publicidad y borro y borro con placer inenarrable toda la basura que me mandan por aquí y por allá, es decir, ustedes hagan su trabajo -llenarme de bafea- que yo haré el mío: separar la paja del trigo, la ganga de la mena. A eso se le llama interacción, la gente como yo está en retirada, nos estamos muriendo poco a poco, en cuanto la palmemos todos los coleccionistas de datos podrán controlar mejor a la sociedad pero, cuidado, que se quedan nuestros discípulos y además o llevan a cabo ustedes una lobotomía colectiva real, no sólo metafórica, como ahora, o no estarán nunca a salvo porque los comerciantes, los herejes, los monjes, las brujas y los brujos de la Edad Media -ocultos y clandestinos- fueron en gran medida los que, sin Internet, provocaron algo que nos marcó para siempre o eso creo y espero: el Renacimiento.

En definitiva, que cuando ustedes vean que les piden dinero por mis textos periodísticos online se buscan otras firmas y a otra cosa. Y la publicidad que siga pagando, ya ustedes se entienden con ella también.


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