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Pasa la vida

Los niños se comportan mejor que los padres de la patria

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Juan Luis Pavón juanluispavon1
24 abr 2020 / 07:45 h - Actualizado: 24 abr 2020 / 07:46 h.
"Pasa la vida"
  • Los niños se comportan mejor que los padres de la patria

Los niños y niñas de la España pandémica y confinada se comportan, en su inmensa mayoría, muchísimo mejor y con más madurez que los padres y madres de la patria situados al frente de su gobernanza y de su soberanía parlamentaria. Las dosis de torpeza, irresponsabilidad, desunión y mentiras que tanto nos perjudican no proceden de nervioseras infantiles sino de pataletas adultas. Los peques y la muchachada en casa están haciendo más sus deberes que la clase política, calificada desde hace muchos años como la más mediocre de nuestra democracia, pero siempre tan indulgente consigo misma que ha llegado al examen decisivo de nuestra historia contemporánea sin haber aprobado ni una de las asignaturas pendientes que desde comienzos de siglo se sabía eran curriculum imprescindible para garantizar la solvencia y la prosperidad de España en la geopolítica de la globalización.

Estoy convencido de que, en un porcentaje muy predominante, el común de los niños y niñas podría seguir una o dos semanas más sin salir de casa, ratificando mayor potencial de adaptación y resiliencia que muchos adultos a un modo de vida súbitamente condicionado por la amenaza del coronavirus. De igual modo, considero que es bueno permitir ya que todos los días salgan un rato a la calle para pasear, para tomar un rato el sol, para ensanchar su perspectiva de entorno cotidiano, para nutrir su imaginación y para socializar sus comportamientos. Porque tienen que aprender a cumplir normas que hasta ahora no existían cuando se expandían por los espacios públicos. Y la capacidad cognitiva de los peques para asimilar códigos de conducta y llevarlos a cabo de modo formal y fiable, junto a una persona que sea buen ejemplo a seguir, es superior a la que le atribuyen quienes incurren en una mentalidad hiperprotectora que frena su desarrollo y merma su empoderamiento.

La tremenda tragedia que estamos sufriendo, y las enormes penurias que emergen, han de ser una escuela de vida para quienes ahora son niños y adolescentes. Con muchas lecciones de las que aprender para curtirse y para ser responsables consigo mismo y con los demás. Experiencias que son clases prácticas de las que marcan tendencia en la conformación de la personalidad. De lo que estoy seguro es que si, desde mediados de marzo, a la chavalería de cada aula de Primaria se le hubiera facilitado los domingos una videoconferencia colectiva desde sus respectivos hogares con los demás compañeros de clase, para charlar sobre qué hacer juntos, ya tendrían pactados y en ejecución cien veces más acuerdos que Sánchez, Iglesias, Casado, Abascal, Rufián, Montero, Arrimadas, Urkullu, Díaz, Álvarez de Toledo, Torra, Lastra,... Vaya tropa.

Si nefastos son los fallos en la gestión de la emergencia sanitaria y en los desabastecimientos de mascarillas, guantes, trajes y tests cuando llevamos cuarenta días de operativa, es corrosiva la mandanga del Gobierno, del Parlamento y de los partidos políticos para perder el tiempo. Cuando el Congreso de los Diputados y el Senado deberían ser las principales UCI de España. Las unidades de cuidados intensivos de la soberanía nacional que han de trabajar todos los días, domingos y festivos incluidos, y planificar todo lo que hay que acometer para los próximos meses y años en sanidad, dependencia, ayudas a los parados, respaldo a las empresas, modernización de la educación, funcionamiento realmente digital de todas las administraciones públicas... Y comparecer a diario, exponiendo a la ciudadanía qué están haciendo en su teletrabajo interactuando entre sí y con representantes de todos los sectores de la sociedad. Por desgracia, están al ralentí, con la misma lentitud que es costumbre en el ritmo de la política española. Y eso nos va a causar mayor deterioro a nivel individual y colectivo para superar esta crisis. Con la escasa tradición democrática que hay en España, es muy peligroso abonar el terreno para que se perciban como prescindibles las instituciones básicas del ordenamiento constitucional.

Las vivencias de muchos niños en este periodo de confinamiento y de paulatina convivencia trufada de especiales medidas de protección y distanciamiento, van a sintonizar con los recuerdos de los abuelos sobre su infancia de escasez y privaciones, y cómo las superaron. Esos diálogos pueden abonar buenos frutos para nuestro futuro. Lamentablemente, miles y miles de ancianos no pueden participar de esa complicidad intergeneracional porque están muriendo por culpa del virus. Son parte de la generación que echó los dientes en la penosa posguerra y maduró desde los valores del esfuerzo y de la austeridad que eran el pan nuestro de cada día. Levantaron este país a pesar de sus anacrónicos y atroces gobernantes, y lo catapultaron a base de ahorro y de ser previsores a posibles contingencias. No pudieron cursar estudios superiores y fueron felices dando a sus hijos e hijas la oportunidad de ser la primera generación en sus familias que iba a la Universidad. Querían que alcanzaran el nivel de bienestar de Alemania y ahora se conformarían con que su patria estuviera gobernada como Portugal, donde por el covid-19 han muerto 820 personas en el mismo periodo de tiempo en el que en España han fallecido 22.000.


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