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Los puestos de incienso

Están siempre ubicados al límite de la esperanza, al borde justo de los sentimientos. Los puestos de incienso existen para que no se olvide lo vivido

17 dic 2016 / 23:35 h - Actualizado: 17 dic 2016 / 23:30 h.
  • Los puestos de incienso

Están ubicados a conciencia en lugares que alimentan el espíritu, en esos cruces de calles en los que también se cruzan nuestras vidas. Los puestos de incienso de Sevilla están siempre al límite de la esperanza, al borde justo de los sentimientos. Son el vínculo permanente que no consiente que se borre ninguna cruz de la memoria. Los puestos de incienso de Sevilla existen para que no se olvide lo vivido. Es el olor del recuerdo del sevillano. Hay calles de nuestra ciudad que huelen únicamente a incienso porque sus paredes atrapan el olor en sus entrañas de cal y hormigón. Y se impregnan. Una vez, en la puerta de una tienda de zapatos de una de esas calles, un niño le dijo a su madre: «Mamá, aquí huele a Lunes Santo».

Tres de esos puestos están instalados en lugares fundamentales del corazón de nuestra ciudad. Hay uno en la esquina de la calle García de Vinuesa con la Avenida. Otro suele regalar sonrisas cómplices entre los viandantes en la calle Tetuán y un tercero descansa en la pared de piedra de la Colegial del Salvador en la calle Córdoba. Humean como los cirios de mi cofradía, huelen a Sevilla eterna y te alegran la vida y el paseo. Son para mí como los lugares de avituallamiento, puntos en los que uno refresca su pensamiento, descansa sus dudas y renueva el aire de los pulmones.

Estos tres puestos forman un triángulo vital, entre mágico y sublime, que aromatizó la adolescencia de los hombres que hoy buscamos sus nubes de gloria con cualquier excusa. Los sevillanos acudimos al encuentro con el incienso con necesidad y orgullo, con avidez, casi como el sediento busca el agua.

Hoy he vuelto a pasar por un puesto de incienso de Sevilla y me han cambiado hasta los andares. Camina uno de forma distinta con la dosis tomada de esa preparación de resinas vegetales con la que le damos gloria al Señor y adelantamos la llegada del misterio rosa de la Borriquita la tarde de los niños, y de los mayores.

La palabra incienso viene de encender. Esa nube intenta de gloria sevillana enciende las alertas y los pulsos, avisa y previene. En Sevilla siempre sucede algo grande cuando viene delante una nube de incienso.

De regreso a casa me estoy oliendo la ropa. Necesito que perviva un rato más ese recuerdo, ese trozo de nube que me llevo de vuelta. El vendedor del puesto lo sabe. Un día me dijo que viéndome la cara podía averiguar qué tipo de incienso me gustaba más. Lo que todavía no sabe es que su puesto de incienso me hace falta para vivir, para recordar a mi padre y las paraditas que hacía delante de aquel género que aún me cautiva y que sigue oliendo a la memoria de los sevillanos.


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