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Luca y Cristina: Historia de un amor falso televisado

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02 nov 2021 / 21:20 h - Actualizado: 02 nov 2021 / 21:27 h.
"Opinión","Televisión","La vida del revés"
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Enamorarse de otro mientras te miran unos millones de personas debe ser incómodo. Y muy natural no parece. Enamorarse de sí mismo ya es otra cosa. La pantalla de televisión puede mostrar a cualquier idiota en pleno éxtasis autocomplaciente y narcisista; de hecho, la televisión va de eso.

En «Secret Story: La casa de los secretos» estamos asistiendo a un clásico de este formato (antes era GH); un amor explosivo, intenso, romántico y, seguramente, falso, efímero y de cartón piedra.

Un tal Luca y una tal Cristina se acercan, se tocan, se miran insinuando todo lo que se puede uno imaginar, se controlan, se esconden hasta donde les dejan las circunstancias y quieren quererse, pero menos. Si dos personas jóvenes cualquiera y sin compromisos estuvieran pasando por una situación tan pasional y tan hermosa ya habrían sobrepasado cualquier frontera convencional. Con el amor en la punta de los dedos no hay formato televisivo capaz de detener el ardor de los enamorados.

También es un clásico que estos enamoramientos duren un instante una vez que los que forman la bonita pareja pisen el mundo real. Solo algunos han sobrevivido a la terquedad del día a día, al ajetreo y a la presión mediática. No deben ser muy ‘de verdad’ estos idilios porque los verdaderos, los que rebosan autenticidad, no se resienten ni tan pronto ni por tan poca cosa como es vivir.

Luca es un guaperas de voz grave. Cristina es una joven que sin ser excesivamente bella sí es sexy y atractiva a más no poder. Pero estos dos no están enamorados entre ellos; estos dos están enamorados de la cámara y de los beneficios que esperan más allá del programa y, sobre todo, de ellos mismos. Si estuvieran locos de amor por el otro gallo les estaría cantando cada mañana. Morirse de amor es otra cosa, morirse de amor no te deja tener un comportamiento impostado para que el público disfrute con eso que ellos echan de menos y tanto quisieran para sí (juventud, ímpetu, pasión...).

Me creo más los insultos, las formas perdidas, los malos modales, los gritos y las muestras de una incultura vergonzosa. Porque alguien que se ha enamorado una vez en su vida sabe que es capaz de dejar todo por su amor, por el hombre o la mujer de su vida. Incluso un programa de televisión basura. Y estos no están dispuestos.


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