domingo, 24 octubre 2021
15:52
, última actualización
Desde la espadaña

Lucena en el cielo de Sevilla

Paco Lucena nos dejó ayer descolgando por última vez su bandera al municipalismo más transparente y siguiendo la estela de su madre, Concha Sainz. Y todo por Sevilla

Image
26 ene 2021 / 06:33 h - Actualizado: 26 ene 2021 / 08:47 h.
"Desde la espadaña"
  • Paco Lucena (dcha.) junto a Beltrán Pérez.
    Paco Lucena (dcha.) junto a Beltrán Pérez.

La verdad es que por un deber de admiración y de conciencia por un sevillano que en el día de ayer falleció es el que me hace escribir estas líneas. Porque no ha de faltar quien recuerde a las grandes personas de una ciudad, la pérdida en el día de ayer de Paco Lucena ha sembrado de tristeza a una gran parte de la política municipal de esta ciudad. Y estas palabras, querido lector, no van de ninguna forma dirigidas a la exaltación de un partido político sino al hecho de que un sevillano durante años consagró su vida por llevar adelante un municipalismo limpio y coherente desde su trabajo diario y afiliación al Partido Popular de Sevilla. Hijo de una de las militantes más queridas de los populares sevillanos y activista de la sociedad civil sevillana, Paco Lucena ha sido siempre ese fiel escudero de los cargos populares del ayuntamiento sevillano que, como buen romano, recordaba a sus jefes que ellos también eran mortales y que la calle y el pueblo es la que da al político la serenidad de proceder rectamente reivindicando siempre el trabajo de los que están a pie de calle, repartiendo, hablando y, sencillamente, haciendo lo posible por mejorar la ciudad. Por ello, siempre aludía que, para volver a flote de la realidad, muchas veces había que echar el ancla de la cordura.

Porque Lucena era de los que salía durante la madrugada para ver si la cartelería en las farolas era la correcta en tiempos de campañas electorales dándole igual si se trataba de Europa o de Sevilla. Él sabía que esto es así y que su madre fallecida jamás se lo perdonaría si no lo hiciera.

Ningún presidente de una nación, de izquierdas o derechas, ha salido elegido sin el trabajo de los de abajo, de la pura intendencia, de aquellos que saben que si fallan en su cometido todo se viene abajo y, para ellos, siempre oro molido. Nada, en definitiva, pueden hacer los directores de orquesta, buenos o malos, si sus músicos no son los mejores y ponen toda la pasión en el pentagrama que tienen por delante. Y él lo sabía. Llegó hace años con ganas de ayudar y nunca paró a pesar de sus altibajos de salud. Su intendencia en tiempos de guerra política, con unas elecciones a la vista, se convertían en una metodología elegante, fina y, lo más importante, amoldable para que todo saliera bien. Paco Lucena dejó hace ya mucho tiempo su reloj en la mesita de noche porque sabía que, sin su grano de arena, muchos de los suyos se quedarían colgados en la labor encomendada. Por eso, son muchos Lucenas los que hacen falta valorar en la política porque como él decía “sin la calle, no se conoce los problemas de los vecinos”. Cuando le dabas las gracias por su trabajo, le restaba importancia y te las daba a ti por tu esfuerzo e interés. Personaje grácil y enemigo de las fotos y las redes sociales que dejaba para otros, la muerte ayer de Paco Lucena ha hecho que el silencio pasara por Sevilla durante unas horas y el crespón en el Partido Popular de Sevilla se haya colgado por un verdadero poeta continuo de parte de sus compañeros de Sevilla a los que jamás dejó en la estacada.

La satisfacción de ver como Sevilla supo reconocer la gran labor de su madre en la denominada Plaza Concha Sainz le hizo aún más infinito en su quehacer diario y por su lírica y su trabajo terminó asimilando que el reloj para sus compañeros y amigos era una firma de muerte y, por ello, empezó a distinguir entre la puntualidad atrasada del hombre que usa reloj, y la puntualidad perfecta del hombre que nunca usa reloj; y prefirió, por encima de todo, no usar reloj. Así era Paco Lucena. Como otros tantos personajes de la vida sevillana, don Francisco Lucena ayer nos dejó y, desde luego, si el Olimpo de los dioses de la política municipal tienen alguna pena, sea la orientación política que sea, será, con certeza, no haber tenido un Paco Lucena a su alcance donde poder delegar esa priostía de su partido. En mi última conversación con él sus últimas palabras fueron “de nada, para lo que necesitéis podéis contar conmigo”. Y así, sí se hace Sevilla. D.E.P.


Edictos en El Correo de Andalucía Empleo en Sevilla