Gran Plaza

Mantita, Orwell y sofá

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Manolo Ruiz ManoloRL
24 ene 2023 / 12:55 h - Actualizado: 24 ene 2023 / 12:57 h.
"Gran Plaza"
  • Mantita, Orwell y sofá

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Dentro del cuarto de vuelta que el mundo progre imbécil le viene dando a las cuestiones cotidianas a fin de volvernos un poco más gilipollas de lo que venimos demostrando como sociedad – por delito consentido de sumisión y aceptación- sucede que nos meten, del verbo hasta el fondo, una serie de nueva lengua que ríete tú, Orwell en 1984 en la que el dominio de los medios sobre las masas, van conquistando terreno frente a la inteligencia.

No es que el pan hace un año costase 5 andaluzas 1 € y ahora te den 4 piezas por 1´30€; que la leche haya subido un 32% de media; que la cesta de la compra se haya disparado hasta límites de tener que empezar a suprimir alimentos básicos e indispensables de la dieta por no poder tener acceso a ellos, o que un simple paquete de folios haya subido casi un 40 % en los últimos seis meses, ya que todo el mundo sabe que el papel Galgo, el pan de Polvillo, la leche de Asturias y las acedías de Sanlúcar vienen de Ucrania. Como las naranjas de Las Alagaba, que deben su sabor y color a los atardeceres que baña el sol de Odesa.

Ahora no somos más pobres, perdón, limitados exponenciales de recursos, es que somos moralmente reprobables porque despilfarramos en gastos hormiga (mátame camión), como tomar un repugnante café de máquina en la fábrica a la hora del descanso , mascar unos chicles si eres de los que decidimos hace tiempo dejar de fumar, o si no te puedes permitir los casi 60 € de una sesión de cine familiar - que algunos directores ni consumen después de llevarse al bolsillo millonarias subvenciones- palomitas incluidas ( el maíz sí es el oro de Ucrania) e inviertes en la santísima trinidad del vicio casero: mantita, peli y sofá, y has de sentirte culpable de ser cómplice de los gastos vampiros que empobrecen a nuestras familias y por ende a nuestra economía

Ahora que las políticas de los políticos van encaminadas a hacernos sentir más dependientes de sus dávidas, y más culpables de que derrochemos energía por querer estar en casa calentitos en invierno y fresquitos en verano, nos hablan desde su superioridad moral de un sueldo que a fin de mes cobran de manera puntual junto a sus dietas, aunque no se muevan de casa o la sede ni para salir en la foto. La culpa de que en España, una de las industrias (la política) más cara y menos productiva sea la fábrica de personas amorales, derrochadoras, egoístas y egocéntricas y que se dedican a encabronar a la población que ha de acudir a comedores y economatos sociales, es nuestra, la de la gente que madruga y comparte coche para trabajar, la que se deja la sangre y la vida para sacar a sus hijos adelante mientras asiste pasiva a que nuestros gobernantes se aprueban subidas de sueldos años sí y mandato también, o renuevan por cifras millonarias su parque público automovilístico, mientras tú con tu utilitario de 6 u 8 años que no puedes renovar, tienes privado el acceso a ciertas zonas de la ciudad por no tener recursos a comprarte un vehículo con las condicionantes medioambientales que desde un despacho unos señores, señoras o señoros han decidido que los tiesos en la sociedad sólo somos gasto y prostituimos con nuestros coches de gasoil la atmósfera que respiramos, información que transmiten desde sus terminales móviles de ultimísima generación y cargo del erario público, mientras tú guardas cola acojonado en la estación de la ITV cruzando los dedos por un sellito que te diga, tira p’adelante un añito más.

“Y, después, algún cerebro privilegiado del Partido Interior elegiría esta o aquella versión, la redactaría definitivamente a su manera y pondría en movimiento el complejo proceso de confrontaciones necesarias. Luego, la mentira elegida pasaría a los registros permanentes y se convertiría en la verdad.”

Esos móviles o tabletas de nuestros políticos no son gastos fantasmas o vampiros. Ni sus viajes en falcones o aves by de face. Gente que gana según los datos disponibles en el Portal de Transparencia del Congreso, un sueldo base de 3.050,62 euros brutos al mes al que se suman las «ayudas, franquicias e indemnizaciones por gastos que sean indispensables para el cumplimiento de su (dis) función» son los que te dicen que tú, tieso sin fronteras, debes dejar de gastar en vivir, debes olvidarte del confort de hogar, has comer lo que mensualmente te diga el ministro menestra, y todo con un lenguaje ecoímbecil, del que los nuevos trainers de la comunicación han copado un nicho de mercado con la apropiación del léxico y las formas, capaces de llamar NBN - Netfilx-Baguette-Netfilix a la nueva moda parisina de bajar a por el pan con el pijama o la batita, que, cuestiones de escamondeo aparte, se viene viendo en barrios y pueblos de España desde la época del NODO y que esos nuevos obreros de la (carísima) industria política española, acaban de descubrir, y hablan de ella según interés con la ternura de quien en una fiesta de mafiosos rusos, rifan las latas de caviar entre sus invitados amenazados de muerte.

“Al final, el Partido anunciaría que dos y dos son cinco y habría que creerlo. Era inevitable que llegara algún día al dos y dos son cinco. La lógica de su posición lo exigía. Su filosofía negaba no sólo la validez de la experiencia, sino que existiera la realidad externa. La mayor de las herejías era el sentido común.”


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