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Mar de libros

30 abr 2016 / 19:41 h - Actualizado: 30 abr 2016 / 19:46 h.
"Libros","Truco o trato","Feria del Libro"

La literatura pone orden a la realidad. Esa es una idea madre que he oído a muchos escritores, desde Steiner a Muñoz Molina pasando por Vargas Llosa. Los autores reconocen, todos, que cada texto por sui generis y fantasioso que sea añade una cierta lógica, incluida la propia del azar, que la realidad nos escatima. Hasta el más surrealista de los libros, hasta en la paradigmática mutación del Gregor Samsa de Kafka hay un orden, una razón por alucinada que sea.

Tal vez por eso necesitamos tanto a la literatura, en su sentido más amplio, desde el Quijote o el Ulises de Joyce (cada uno con sus dificultades) al cuento de antes de dormir que mece nuestra infancia. Tal vez por eso cuando miramos atrás, la herencia más querida, aquella que mejor nos habita y nos construye, es la del arte, también el arte de contar sino es que cada una de las manifestaciones humanas no es una manera de contarnos. La vida como una historia interminable, lúcido Michael Ende.

Esa debe ser una de las razones para que las Ferias del Libro como la de Sevilla que acaba prácticamente de empezar o la de Granada, o la de Huelva que ya terminó, ordenen nuestras cabezas y nuestros corazones mientras desordenan nuestras calles y plazas y las metamorfosean en foros, en zocos, en mercados de ideas y de emociones.

Hay una suerte de subidón (al menos a muchos nos asalta como feriantes cabales de esta feria sin carrozas) al contemplar el espectáculo visual de libros apilados en casetas, como frutas de los mejores mercados, coloridos, valientes, reclamando atención. Somos ciudad más que nunca cuando hacemos nuestra la calle de esa forma, con toda la capacidad que tenemos los humanos de habitar el espacio para charlar, para callar, para escuchar, para comprar, para vender, para tomar cafés o cañas, para sorber caracoles o sorber seseras. Para cumplir nuestra idiosincrasia de mediterráneos que han hecho de la ciudad el lugar de convivencia colectiva en el mismo ladrillo y no una mera suma de repúblicas independientes de cada casa. Que ese es otro cantar.

Y subrayo mediterráneo porque simultáneamente a la feria de Granada la Fundación Tres Culturas ha impulsado un encuentro (o congreso o jornadas que más da) llamado Tres Festival que, a la algarabía de una Feria del libro renovada, ha sumado la presencia, y la palabra, de escritores de todo el Mediterráneo. Cuando la poeta siria Marm Al Masri recitó sus poemas de dolor, como una Antígona malquerida dentro y fuera de su tierra, juntó a la música gaditana Mar Gabarre, el auditorio del Centro Lorca se estremeció de emoción lírica, claro, pero también con la certeza de queda esperanza en el Mediterráneo que somos mientras no falten voces que nos iluminen, nos consuelen, nos vapuleen la conciencia. Una mar, mare nostrum, de libros y letras, de palabras que denuncian, besan o ríen, de palabras que dan sentido a esa historia que fuimos, cuna de civilizaciones, raíz de nuestra identidad y que aún somos o podemos ser si es un poeta o una escritora quien nos cuenta y no el saldo de un Banco, unas leyes sin alma, unos gobiernos que alimentan la peor cara de todos nosotros como si nos manejara un conductor suicida.

Desde el jueves y hasta el domingo una mar de libros inundará la Plaza Nueva de Sevilla, libros que nos asaltarán y a los que debemos enfrentarnos como Machado, desnudos hijos del mar, sin prejuicios ni complejos. Hay sitio para todos y todo: la risa y para el miedo, la historia y la economía, el comic y la poesía.

Dejemos que los libros nos mojen porque por ellos y tras ellos, como el eterno viajero que somos, regresaremos otros. Los libros nos cambian porque nos permiten seguir estando vivos.


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