La vida del revés

Máximo Huerta, su dimisión y las madres

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25 ene 2023 / 18:08 h - Actualizado: 25 ene 2023 / 18:17 h.
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Risto Mejide no es santo de mi devoción. Si tuviera que elegir a un presentador para un programa de televisión nunca pensaría en él. Sin embargo, la entrevista que realizó a Màxim Huerta en ‘Viajando con Chester’ es una maravilla y hay que felicitar al señor Mejide.

De todo lo que se dice en esa entrevista me quedo con lo que tiene que ver con las madres. Si bien es cierto que es un bombazo saber que Huerta piensa que el presidente Sánchez le usó para dejar claro que era una especie de superhéroe luchando contra cualquier atisbo de corrupción o irregularidades a su alrededor, si bien es cierto que se dijeron cosas muy interesantes, ver cómo se le llenaban de lágrimas los ojos al hablar de su madre, resultó conmovedor, emocionante y una muestra de autenticidad que no tiene precio.

Cuidar a una madre enferma, dejar todo para hacerlo, y saber que lo que llega va a ser terrible aunque debe asumirse, es una muestra de humanidad extraordinaria. Saber que los años que quedan junto a la madre van a ser dolorosos y ponerse en jarras para hacerse con los mandos sin pedir nada a cambio, es un gesto valiente que deberíamos imitar todos.

Sé lo que es cuidar de una madre porque la mía vive conmigo. Ya son dieciséis años. Sé lo que supone ver cómo, poco a poco, la vejez se hace presente en su forma más grotesca. Sé lo que es sufrir crisis que confunden y te llevan a pensar que odias a tu madre y que si por ti fuera saldrías pitando para no volver jamás. Me sé de memoria lo que supone cuidar de una anciana y soy consciente de que en mi caso el problema, hasta hoy, ha sido mínimo. Pero, del mismo modo, sé que es eso lo que hay que hacer. Solo se puede cuidar de una madre. No hay más alternativas. Y las madres no deben vivir sus enfermedades a solas o con desconocidos. Si no hay más remedio se contrata a alguien para poder seguir, por ejemplo, trabajando, pero después de currar... a ver a la madre. Eso de desaparecer no puede ser. Y sí, soy inflexible, no soy capaz de ceder un milímetro en este asunto.

Vi morir a mi abuela en casa (en la que era la casa de la familia y que sigue siendo la misma en la que vivo; el destino quiso que comprase la vivienda hace unos años); veré morir a mi madre aquí (si es que no me sobrevive). Y no tengo la más mínima duda de estar haciendo lo correcto.

Llegado el momento hay que aparcar diferencias (las diferencias generacionales son enormes), recortar los reproches (la vida es muy larga y los reproches se acumulan sin remedio), fingir olvidar todo lo que puede ser molesto y estropear la relación y no mirar alrededor porque eso te destroza (mirar a derecha e izquierda y no ver a los hermanos no es plato de buen gusto, por tanto lo mejor es vivir la realidad como si fuera cosa tuya y solo tuya). Llegado el momento hay que querer a la madre y claudicar ante el destino que nos la coloca al lado para que podamos dar el do de pecho. Cuidar de la madre es un privilegio y a lo que obliga ser agradecido.

Me encanta asomarme a la pantalla del televisor y encontrar algo que me remueva y me haga pensar. Incluso si es Risto Mejide el que presenta el programa


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