La Gazapera

Memoria de un cantaor sevillano

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
07 ene 2022 / 10:04 h - Actualizado: 07 ene 2022 / 10:05 h.
"La Gazapera"
  • Memoria de un cantaor sevillano

Se van a cumplir 25 años de la publicación de mi tercer libro de flamenco (Manuel Escacena. Viaje a la memoria de un cantaor Sevillano), editado por la Caja de Ahorros San Fernando de Sevilla gracias a Manuel Mojarro. Siempre se creyó que el Niño de Escacena había nacido en la localidad onubense de Escacena del Campo, pero hecha una investigación minuciosa resultó ser un sevillano del Barrio de la Feria, de la calle Pedro Miguel, nacido el 9 de diciembre de 1885. Esta calle fue llamada anteriormente Piernas y Atahoneros, según aparece en el padrón municipal de 1794, y tiene su historia flamenca, puesto que ahí empezó a bailar el célebre bailaor Enrique el Cojo, en el Corral del Cristo, codeándose ya con otros artistas como Esteban Sanlúcar, el también bailaor Frasquillo, la canzonetista Amalia Molina o el guitarrista cordobés-sevillano Antonio Moreno.

A pesar del esfuerzo de la investigación y de que gracias a ella supimos la importancia de este cantaor sevillano, sigue siendo un artista totalmente olvidado en su tierra, como tantos otros. Pronto, dentro de seis años, se conmemorará el centenario de su muerte, ocurrida en Madrid en 1928, un año antes que don Antonio Chacón, una de sus referencias en el cante. Sería un buen momento para reeditar toda de su discografía de pizarra, más extensa de lo que los aficionados y críticos pensaban antes de la investigación. Y para que el Ayuntamiento tuviera con él algún detalle, como poner una placa en la casa donde nació. Algo que recuerde que tan gran cantaor, maestro de otros cantaores como el Niño de Marchena, por citar solo a uno muy conocido, era natural de esta ciudad, en la que vivió hasta que llegó la crisis de los cafés cantantes y emigró a la capital de España animado por el citado Chacón, que le llamaba Cabezapepino.

Escacena fue un maestro de los estilos levantinos, de cantes como la cartagenera y la taranta, sin duda influenciado por Chacón, un maestro jerezano que llegó precisamente a Sevilla cuando nació Escacena, el año de la muerte de otro gran cantaor, el malagueño Juan Reyes Osuna El Canario, que fue asesinado por Lorenzo Colomer Ricard, el padre de Francisca Colomé Sierra, La Rubia de Málaga, aunque nació en Valladolid. Sevilla era entonces la Meca del Flamenco, con cafés como El Burrero, el de Silverio y el Filarmónico, que dirigía Juan de Dios Domínguez Jiménez, hijo del torero y cantaor Juan de Dios El Isleño, el bisabuelo materno del impresor sevillano Silverio Domínguez Conde, vástago no reconocido del gran cantaor Silverio Franconetti.

Nunca, en ninguna ciudad del mundo, se concentraron tantos artistas como en esa época en Sevilla, con figuras como La Mejorana, Gabriela Ortega, Miguel Macaca, Fosforito el de Cádiz, Salvaorillo de Benamejí, La Carbonera, Medina el Viejo o guitarristas como Paco el Barbero y Juan Gandulla Habichuela. Y en ese ambiente creció como cantaor el célebre Señor Escacacena, como le llamaban en Madrid cuando ya era una importante figura del cante, ciudad donde también está bastante olvidado, aunque el flamencólogo Pepe Blas Vega siempre lo tuvo en cuenta y recopiló mucha información sobre él de su paso por la Villa y Corte, como carteles y fotografías, sucesos y anécdotas.


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