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¡Mi amiga grande!

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31 jul 2022 / 05:56 h - Actualizado: 27 jul 2022 / 19:58 h.
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  • ¡Mi amiga grande!

Tres palabras que encierran un maravilloso título honorífico y que, como los tres mosqueteros, te hacen sentir el verdadero poder del «¡uno para todos y todos para uno!»; ese maravilloso título honorífico te hace sentir privilegiada al formar parte del eterno cuento de hadas que es la pandilla infantil ¿qué quién me lo concedió? la «genial otorgante» es Lía, mi vecina de 7 años.

Llevo un par de días coincidiendo con ella en la piscina, entonces nos reímos un rato jugando a inventarnos historias sobre un poderoso «Atilornio», una criatura fantástica que es mitad Atila -mi Pastor Alemán-, mitad unicornio y estando pensando en qué aventuras locas viviría «Atilornio», se acercaron dos niñas y le preguntaron a Lía: «¿quién es?» mientras me dedicaban cierta mirada de extrañeza... Lía contestó entusiasta y contundente: «¡Es María, mi amiga grande!», me quedé observando a la ideadora del «Atilornio« en plan «¿no es maravillosa?«.

Lía quería incluirme en el equipo y se le ocurrió la genial explicación de decir que yo era «su amiga grande». Evidentemente, casi me marco un Lina Morgan de lo agradecida e ilusionada que me sentí, ¡soy nada más y nada menos que su amiga grande! ¡Ojo! que por edad podría ser su madre, pero estábamos taaaan agusto inventando historias que, para que la diversión no acabase al llegar las niñas a buscarla, se las ingenió para presentarme como su «amiga grande»; finalmente, las demás niñas se quedaron a participar de las aventuras de «Atilornio».

¡Que tremenda lección de generosidad dió Lía en cuestión de segundos! Los adultos somos «más nuestros» para estas cosas, reaccionamos de otra manera, marcamos más las distancias, tenemos nuestros grupos, amén de los «requisitos» para acceder a los mismos, adelgazando así el istmo que une las esperanzas con la realidad, resultando un terreno cada vez más difícil de transitar... Los adultos somos más de formalismos, esgrimimos que la sociedad los necesita para funcionar pero, tal y como demostró Lía, en muchos momentos, no hay nada que ponga al corazón tan contento como la sencillez: ¡gracias Lía por hacerme crecer!


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