sábado, 29 febrero 2020
01:29
, última actualización
Viéndolas venir

Muerte es quedarse solo

Álvaro Romero @aromerobernal1 /
13 feb 2020 / 08:17 h - Actualizado: 13 feb 2020 / 08:20 h.
"Opinión","Viéndolas venir"
  • Muerte es quedarse solo

Muerte es que no nos miren los que amamos, / muerte es quedarse solo, mudo y quieto / y no poder gritar que sigues vivo”. Lo escribió Gloria Fuertes, tal vez aterrada frente al lejano día que, a ella, como a todos, la esperaba en la inconsciencia de aquel futuro que habría de convertirse en pasado, con el tiempo, desde esta otra dimensión que es su mera voz poética. Porque es el tiempo quien pasa por nosotros y sigue vivo eternamente, en su ineluctable fluir a pesar nuestro.

Precisamente quienes heredaron primero la concepción platónica del alma frente al cuerpo, del espíritu frente a este cascarón mortal que nos sostiene, deberían sopesar qué entienden por muerte. Y también qué entienden por vida. Lo digo pensando, por ejemplo, en ese curita norteamericano que ha dicho que la pedofilia no ha matado a nadie, pero el aborto sí. Suelen obsesionarse mucho ciertos obsesos con la relatividad de ciertos pecados familiares y con la intransigencia de prácticas tan penosas como solo ciertas mujeres deben de saber toda su vida, como un lastre de dolor interno que debe parecerse tanto a la muerte. Esos que suponen que la eutanasia es un atajo economizador del gobierno, y que lo dicen tan panchos, deberían sopesar qué entienden por muerte, porque a lo mejor se quedan en la simpleza de que el cuerpo deje de funcionar, y qué entienden por vida, porque lo mismo piensan que vivir consiste solo en que lata el corazón, tan ingenuos, ignorantes -o peor, indiferentes- de tanto muerto en vida y de tanta vida después de la digna muerte.

Yo no tengo una opinión formada sobre la eutanasia, seguramente porque le huyo a esa certidumbre que me evoca la imagen agónica de mi abuelo, tan arisco toda su vida, dándome la mano, desesperado como un Cristo en el precipicio de este mundo para su cuerpo, que intentaba irse sin que lo dejaran. Pero estoy seguro de que quienes la defienden no utilizan ningún criterio económico. También estoy seguro de que se cree el ladrón que todos son de su condición.

También, con los años, uno se hace más comprensivo y más antinatural. Lo natural era parir con dolor, sobrevivir a las enfermedades con la sola defensa de la selección natural, morirte si no había más remedio. Pero la ciencia, que es una rama fundamental del humanismo, inventó remedios que nos humanizaron más, que nos alejaron de esa condición animal irremediable de nacer rabiando y rabiar muriendo.

De modo que no comprendo la malsana obsesión de quienes se oponen a una legislación garantista de la dignidad de quien más dignidad precisa. Me da la sensación de que son los mismos que presuponen que si legislaban a favor del matrimonio homosexual nos íbamos a volver todos homosexuales, o que si legislaban para regular el aborto se iban a colapsar las clínicas. Me da la sensación de que son los descendientes de quienes se negaron a admitir que el mito de Adán y Eva en el Paraíso era solo eso, un mito, y que precisamente por eso, por su carácter mítico, su grandeza era mayor, pues implementaban el reto de seguir siendo significativos a pesar de que el mundo fuera, de súbito, redondo y no plano como pareció toda la vida.


  • 1