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Los medios y los días

Mundo tragicómico

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08 oct 2020 / 04:30 h - Actualizado: 08 oct 2020 / 04:30 h.
"Los medios y los días"
  •  David Zorrakino - Europa Press
    David Zorrakino - Europa Press

Vamos cumpliendo fielmente con nuestro destino como especie, eso está escrito en nuestros genes, no es ninguna predestinación mística. La pandemia nos está colocando delante del espejo y el rostro que nos vemos no es halagüeño, luego la tragedia está servida. Se puede evitar pero no va a ser fácil, si no se evita no pasará nada, una especie menos, ni somos los reyes de la creación ni ha habido creación alguna, eso forma parte del mundo imaginario tan preciso para existir hasta que acaba por comérselo la otra realidad, la de enfrentarse -ponerse enfrente- de nosotros mismos y de nuestro medio ambiente para destrozarnos por obra y gracias de nosotros mismos. No será el fin del mundo ni el de nosotros tampoco, será el comienzo de otra era, la posthumana que también será humana, pero por llamarla de alguna manera, aunque ahora la relacionemos con la de la Inteligencia Artificial (IA).

Pero todo lo anterior no excluye que la existencia sea también muy divertida, yo lo estoy pasando en grande mientras veo cómo decaemos. Y lo estoy pasando en grande gracias a la estupidez que nos posee, es algo que jamás imaginé cuando luchaba para que Franco se fuera a hacer puñetas de una vez, no supuse que a niveles emocionales iba a echar de menos su orden artificial y falso, en blanco y negro, el orden de mi niñez, el de la ignorancia.

La diversión está servida cuando mis conocidos y mis colegas de la universidad me dicen que me ponen verde aquí y allá por algunas de estas columnas. Me dicen machista, me dicen facha, me dicen viejo chocho. Yo no leo nada de eso, no tengo tiempo porque necesito leer a quienes me enseñan y me aportan pero si cae en mis manos alguna de esas críticas las estudio sin problema y me preocupo y me divierto al mismo tiempo. Me preocupa el fondo de simplicidad y me divierte la forma en que se expresa esa simplicidad primitiva.

También me siento orgulloso de poder hacer una obra de caridad con algunos lectores puesto que esas lindezas que afirman de mí son descargas emocionales que les evitan tener que gastarse dinero en psicoterapias que no está el horno para bollos y además no andamos sobrados de terapeutas realmente buenos, hay muchos que a su vez necesitan ir al terapeuta porque no ven el asunto con ojos científicos sino con los ojos que el discurso dominante posmoderno les ha colocado en sus mentes sin psicoanalizar.

Llevo años constatando que me coloquen en la lista de esos a los que llaman pensadores críticos. Es un concepto contemporáneamente derivado de los filósofos de la Escuela de Frankfurt que, como eran antinazis y más o menos marxistas, han originado que por pensamiento crítico se entienda algo de izquierdas que se concreta en esta premisa vulgar: el capitalismo es malo.

Lo que se les ha olvidado a los próceres que dan certificados de facha o no facha -que ni suelen saber de lo que hablan-, es que el pensamiento crítico también es la crítica del propio pensamiento crítico porque si no fuera así no estaríamos ante el pensamiento sino ante una secta cuyos principios la cierran sobre sí misma y provocan su autodestrucción. Los pensadores críticos marxistas han sido superados por la tozuda realidad pero como eso produce inquietud se desemboca en un miedo a la libertad, en frase que hizo famosa uno de los pensadores críticos de izquierdas que han sido superados por los hechos porque lo cierto es que lo que sostenían todos ellos no es que sea algo falso, pero sí fallido o tal vez nada pragmático porque no ofrecían salida alguna, era un tipo de misticismo en el fondo. Y la verdad es que ellos y sus pensamientos están muertos o hibernados y el capitalismo sigue ahí. ¿Por qué? Porque el capitalismo somos nosotros mismos, queramos o no. Esa es la verdad pero parece que muchos necesitan la fantasía que es fruto de la estupidez con la que me lo estoy pasando en grande porque la estupidez consiste en no darse cuenta de que se es estúpido, es la victoria de la realidad frente al deseo y percatarse de eso será deprimente pero también gozoso y estimulante. ¡Abalaba sea la estupidez que me infunde regocijo!


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