martes, 11 agosto 2020
15:14
, última actualización
Pasa la vida

Necesitamos más empresas tecnológicas, no más chiringuitos

Image
Juan Luis Pavón juanluispavon1
28 abr 2020 / 08:34 h - Actualizado: 28 abr 2020 / 08:35 h.
"Pasa la vida"
  • Necesitamos más empresas tecnológicas, no más chiringuitos

En el conjunto de Andalucía, y también en Sevilla, el porcentaje de fallecimientos por coronavirus es mucho más bajo que el promedio de víctimas mortales por número de habitantes en la mayoría de las regiones peninsulares: Comunidad de Madrid, Cataluña, País Vasco, Navarra, La Rioja,... En lo que va de periodo de pandemia, en el 35% de los municipios andaluces no existe constancia de que haya habido ni un caso de persona enferma por el covid-19. Por contra, las consecuencias laborales y económicas derivadas del confinamiento son proporcionalmente mucho más graves en el territorio andaluz que en la mayoría de la Península, por la mayor dependencia respecto al negocio turístico y la construcción de segundas residencias. Porque es inferior la envergadura de la actividad productiva y generación de ingresos y empleo a través de industrias y servicios de alto valor añadido, a través de empresas de base tecnológica y científica que se abren camino y crecen gracias a su investigación e innovación, logrando clientes en otros países y continentes, diversificando mercados y riesgos, con muy poco grado de dependencia respecto a las oscilaciones de la coyuntura local, regional o nacional.

El hundimiento de la economía y del empleo en España a partir de 2008, cuando reventó la 'burbuja del ladrillo', era una calamidad de la que se alertaba desde al menos cinco años antes. Pero no se querían oír las fundamentadas advertencias. Y para tomar conciencia de que era obligado poner freno y reorientar esa alocada carrera hacia el colapso no hacía falta ser Premio Nobel. Era un modelo de crecimiento insostenible, basado en fuertes niveles de especulación y endeudamiento. La mayoría de los estamentos políticos, empresariales, sindicales, universitarios y periodísticos fueron cómplices para justificar esa caduca quimera del pelotazo. Quienes, desde el más elemental sentido de la responsabilidad, señalábamos esa verdad incómoda, éramos tildados de aguafiestas o incluidos en listas negras de vetos. Doce años después, la sinceridad no puede ser otra vez víctima colateral de una crisis.

La tragedia del coronavirus desmorona la debilidad de amplios estratos socioeconómicos en España, y aún más en Andalucía. Porque están cimentados en la precariedad. Porque siguen confundiendo el papel del turismo y la construcción, y se les confiere erróneamente el de locomotoras de la prosperidad general, cuando no lo son en ningún país de notable bienestar y escaso desempleo. Y en todos gusta viajar, comer y beber. Y a quién no. Pero todos los países punteros tienen clarísimo que cae por su peso, como la manzana en la ley de gravedad de Newton, que el sistema económico garantiza coberturas y propicia más oportunidades al conjunto de la población si está cimentado en la innovación y producción de bienes y servicios de alto componente tecnológico y comercialización global. Es lo que permite disponer de mayor porcentaje de empleos de calidad, estables y dignamente remunerados. Es lo consustancial de nuestro tiempo histórico desde hace lustros. Nuestra sociedad no es digital por la amenaza del coronavirus. Y, por segunda vez en lo que va de siglo, se han desperdiciado años de reactivación, en este caso del 2014 al 2019, para planificar y acelerar que, en el menor plazo posible, el turismo y la construcción pasaran a su emplazamiento correcto, que es la de buenos vagones a la mitad del tren, gracias a ser sustituidos en el rol de locomotoras por las industrias predominantes del siglo XXI, que son las digitales, no las limitadas geográficamente: desarrollos informáticos, inteligencia artificial, biomedicina, telecomunicaciones, comercio electrónico,...

Me hago cargo de la presión a la que están sometidos los máximos responsables de instituciones como el Gobierno andaluz y el Ayuntamiento de Sevilla. En un periodo de enorme dificultad, porque la primera prioridad es reducir la mortalidad por coronavirus, y no hay certidumbre sobre cómo garantizar la reapertura constante de la sociabilidad sin incurrir en un grave rebrote, han de atender también a la vez el comprensible agobio de gran número de corporaciones empresariales que tienen cerrados sus establecimientos y no ingresan ni un euro. Pero les aconsejo, como representantes de toda la ciudadanía, que encarguen a sus respectivos asesores una revisión y análisis de sus comparecencias públicas desde hace 75 días, porque el 10 de febrero ya hablaban con frecuencia sobre los posibles efectos de la pandemia del coronavirus en la economía andaluza / sevillana. Y contabilicen cuántas veces (casi siempre) dicen las palabras 'turismo', 'hoteles', 'bares', 'restaurantes'. Cuando en realidad el tremendo parón de la actividad también afecta totalmente o mucho durante los próximos meses a bastantes más sectores y profesiones, y en la actualidad a casi todos les ha mermado sus ingresos.

Es compatible comparecer ante la opinión pública y decir que es necesario facilitar vías de supervivencia a las empresas y empleos del turismo, a la vez señalando que solo saldremos de esta tremenda crisis y del furgón de cola de las regiones con más pobres si revertimos cuanto antes los desequilibrios de la 'normalidad' socioeconómica y laboral previa al confinamiento, y conseguimos que el principal motor económico de Andalucía, y de Sevilla, sean las empresas de base tecnológica. Hacen falta muchas más, y de mayor tamaño. Como bien saben tantas familias que han visto cómo sus hijos e hijas acreditaban magnífica formación para los empleos que marcan la pauta de presente y futuro en el mercado de trabajo, y emigraron forzosamente a Madrid, Barcelona o ciudades de Alemania, Reino Unido, Francia,... porque en Andalucía no había contratos para ellos y ellas. Tampoco del 2014 al 2019, cuando se presumía en términos macroeconómicos de que nuestra economía crecía más que la media de los países de la Unión Europea. Es un pertinaz círculo vicioso que estemos más pendientes de la posible llegada de turistas que del probable éxodo de nuestros talentos.


  • 1