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La vida del revés

Ni olvido ni perdón. Rumbo a lo que somos

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02 oct 2021 / 10:25 h - Actualizado: 02 oct 2021 / 10:37 h.
"Opinión","Terrorismo","La vida del revés","ETA","Víctimas del terrorismo"
  • Fotografía que Juan Gimeno intenta subir a sus cuentas de redes sociales y le borran los administradores de las mismas sin dar razones por ello.
    Fotografía que Juan Gimeno intenta subir a sus cuentas de redes sociales y le borran los administradores de las mismas sin dar razones por ello.

El ser humano no puede olvidar porque ese es un lujo que no se puede permitir nadie. Y no se trata de rencor, ni se trata de vivir anclado a algo que ya no provoca nada necesario para la persona. No olvidar supone saber de dónde venimos para poder manejar el timón tratando de llegar a un puerto que siempre vemos difuminado en el horizonte, pero del que sabemos que está allí, esperando a que lleguemos para que gozar del descanso eterno. Eso es todo.

No se puede olvidar aunque el recuerdo esté construido sobre el terror, sobre el dolor o la violencia. Y con esa historia estamos obligados a trazar el rumbo que nos lleve a evitar situaciones parecidas. Solo el horror puede ahuyentar al horror, solo el amor puede atraer al amor.

En España hemos vivido una etapa de sangre y plomo hasta hace muy poco tiempo. La banda terrorista ETA sembró durante años las calles y plazas de nuestro país de cadáveres de hombres, mujeres, niños y ancianos, muchos de ellos mutilados, destrozados. Que un militar, un guardia civil o un policía fuera asesinado por un sujeto que le disparaba en la nuca era cosa diaria. Que las bombas segasen vidas sin discriminar entre civiles o militares era algo habitual. Y eso no lo podemos olvidar de ninguna de las maneras. Porque ha sucedido y lo llevamos ya en la memoria colectiva, en lo que somos.

Si el Gobierno de Pedro Sánchez ha querido acercar a los presos etarras, a los terroristas más sanguinarios de la historia de España, al País Vasco, tendremos que asumirlo. Nunca pensé que un político tuviera el valor de intentar continuar en el poder a cambio de negociar con los que asesinaron y quisieron acabar con nuestra identidad. Pero ha sido así y en democracia pasan estas cosas tan absurdas. Ahora bien, de olvidar, nada. Me niego a que los jóvenes españoles se olviden de lo que fue ETA y del daño que produjo. También me niego a que olviden el daño que causó la dictadura de Franco o los crímenes de Estado que se cometieron con la excusa de acabar con el terrorismo (que nadie se equivoque: esos crímenes son tan deleznables como los de estos carniceros de ETA y el terrorismo no se acabó por cometerlos). No se puede olvidar. Ni perdonar puesto que es lo único que nos deja (porque no tiene más remedio) este Gobierno. ¿Desde cuándo hemos de perdonar la atrocidad?

La vergüenza que tendrá que arrastrar Sánchez por hacer esto (y ceder la gestión penitenciaria al Gobierno vasco por mantenerse sentado en La Moncloa) le perseguirá hasta el final de sus días. Y será la misma que la nuestra si consentimos que se olvide un capítulo negro y doloroso de nuestra historia. Porque el puerto al que nos dirigimos se borrará para siempre y llegaremos, tal vez, al mismo del que salimos, al que se sostiene sobre esa violencia y ese miedo del que queremos escapar.


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