lunes, 01 marzo 2021
19:23
, última actualización
Viéndolas venir

No vamos a llorar

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Álvaro Romero @aromerobernal1
23 ene 2021 / 08:09 h - Actualizado: 23 ene 2021 / 08:11 h.
"Viéndolas venir"
  • No vamos a llorar

La situación es realmente desesperante, para llorar, aunque no lloremos. Y no lo vamos a hacer porque precisamente hemos llegado hasta aquí a base de infantilizar al máximo a la sociedad, a la que se le ha dicho una cosa y la contraria y a la que se ha dejado en manos de la azarosa buena voluntad de una ciudadanía en abstracto. Es decir, todo se hace depender de una ficción. Son ficticias las medidas de control, porque la fuerza de sus cadenas depende siempre del eslabón más débil; son ficticias las sanciones; ficticias tantas declaraciones, ficticias tantas esperanzas. La mezcla de ficción y hastío resulta de una peligrosidad inédita. Y lo único real y doloroso es el sufrimiento de tanta gente que no soporta más mentiras piadosas mientras se le vacía el estómago y la ilusión.

Nos tenemos que convencer de que ya basta. De que pasó el tiempo de pensar en que vamos a salir de esta por el corazón inmenso de la sociedad y el arranque de una clase política en la que tenemos que confiar a pesar de todo. Es falso. La sociedad no tiene corazón, sino engranajes capitalistas para que el motor del sistema siga funcionando, ciegamente a pesar de los pesares. La clase política palpita por inercia, con una garantía de supervivencia de sí misma por encima de la supervivencia social. Los muertos son siempre números que engordan una cifra del telediario y la espiral de un silencio narcotizado. De modo que podríamos aguantar diez años lo mismo que hemos aguantado uno. El ser humano es un animal de costumbres.

Solo precisamos darnos cuenta cabalmente de la gravedad del panorama, desconfiar de los mensajes ambiguos y exigir de una puñetera vez que dejen de tratarnos como a niños. Que nos digan claramente que este año será mucho peor que el anterior. Que nos digan sin tapujos que cuanto antes tomemos medidas duras –pero todos, no solo los desgraciados de siempre-, sin medias tintas ni esperanzas vanas, antes nos posicionaremos hacia un atisbo en el final del túnel, que es mucho más largo de lo que todos desearíamos. Que se castigue con rigor a todos esos delincuentes que están poniendo en serio peligro el mundo que queremos, desde los que siguen festejando la vida a pesar de la muerte ajena hasta los que evitan cualquier atisbo de esa misma muerte mangoneando las vacunas que representan una esperanza para todos. Solo necesitamos tomar conciencia de que de esta solo saldremos si nos lo proponemos nosotros mismos, conocedores del duro camino, no esperando más ambigüedades de a quienes no les importaría repetir la secuencia de este año vivido hasta el infinito porque la vida, al fin y al cabo, es para ellos repetición de secuencias problemáticas. Pero para nosotros es otra cosa, aunque se nos haya empezado a olvidar. Esta amnesia es el peligro mayor, porque somos, sobre todo, memoria.


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