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Desde la espadaña

Noche en blanco del jardín sevillano

La Noche en Blanco debe hacernos meditar sobre la cantidad de matices que tiene esta ciudad que no aprovechamos y que este Consistorio no debería abandonar

08 oct 2019 / 08:34 h - Actualizado: 08 oct 2019 / 08:35 h.
  • Noche en blanco del jardín sevillano

Después de pasar la varicela del calor de agosto y aunque el sarpullido todavía se alarga un poco más, los habitantes de Sevilla parece que dejan de lado los paseos por centros comerciales y las noches alargadas en bares eternos para ir a conocer cultura y mamar todo lo que esta ciudad es capaz de darnos en historia y belleza. Está claro que en la Noche en Blanco los sevillanos empiezan a conocer mucho más los jardines, la urbanística general y el patrimonio de la ciudad. Es una noche donde el sevillano parece darse cuenta no sólo de lo afortunado que es al residir en esta ciudad sino de las plazas de Sevilla y de esos jardincillos velados que conocemos de forma imprevista cuando pasamos por delante de una puerta abierta y que nunca se había dado la oportunidad de contemplar. La pena es que parece que sólo conocemos Sevilla cuando la obligación de las actividades ofertadas así nos lo dictan. Esta es la oferta cultural que debería tener Sevilla a diario y no esperar un día al año, y éste debería ser nuestro plan cualquier noche prolongada de verano que se encastra en los primeros días de otoño. Hacen bien las hermandades en sumarse a la muestra de cultura de la ciudad; a su historia.

Conocer la historia de la Plaza de San Francisco, lugar que antiguamente fue cementerio y huerta o respirar bajo las estrellas el frescor de la fuente de la Plaza de la Magdalena (ya sólo queda una fuente, pero antes eran varias) mientras el halo de la muerte de Martínez Montañés palpa en sus cuatro esquinas es saborear la tremenda historia del mundo donde Sevilla era el epicentro de ese Universo conocido. Y si tocamos el suelo de Santa Cruz y respiramos en cualquiera de sus esquinas flanqueadas por el verde, seguro que notamos el espíritu de Murillo que por allí yace y entenderemos como la poesía de las artes y las letras se encuentra entre nosotros. Vayan y no pierdan la oportunidad de visitar en estos días otoñales de bendita temperatura uno de los mejores y más románticos jardines de Sevilla llamado de “Las Delicias”; otro parque desaprovechado por este Ayuntamiento que bien podría poner en valor los jardines de la ciudad. Son jardines sevillanos que ha creado un estilo en el mundo entero. Hablemos a nuestros turistas de las plazas y jardines de Sevilla y verán que descubren cómo disfrutar de la ciudad sin tener que hacer cola. Pasear por “Las Delicias” es un verdadero placer porque, entre otras cosas, es una copia de los jardines por los que paseaba Voltaire cerca de Ginebra; es, por tanto, lo que se llama un jardín volteriano con unas estatuas de mármol que se trajeron de Umbrete de los jardines que tenían allí los Cardenales.

Y ¿por qué no pasar más noches en blanco en los Jardines de Cristina? un jardín de la época de Fernando VII que sirvió de inspiración a pintores como Esquivel o Gautier. Una pena que hoy en día sea un paraje de ratas difíciles de controlar, aunque me temo que el resto de la ciudad sigue en la misma tónica. En Sevilla impera y se olvida del jardincillo sevillano, del íntimo y el que apenas exige nada.

Ahí tienen el gran jardín sevillano denominado Parque de María Luisa y su aspecto penoso; vamos, que de pulmón de la ciudad cada vez tiene menos y por eso puede que tengamos esta sensación de ahogo cultural en la ciudad. Un lujo de espacio verde que hoy en día se encuentra entre los grandes olvidados de la ciudad. María Luisa, la que fue esposa del duque de Montpensier, donó este gran jardín para que Sevilla tuviera, además de agua y flores, un pedazo de cielo y, sin embargo, hoy en día, este jardín cada día está más degradado.

No dejemos que desaparezcan nuestros patios y jardines sevillanos y hagamos que todos los días sean noches en blanco para darles a ellos lo que hicieron por nosotros durante tantos años. En estos días de locura social que nos lleva de un sitio para otro, no tenemos la capacidad espiritual para saborear el placer de pasear por un parque sevillano de forma íntima, arreglada y de ensueño. Y si todavía les parece insuficientes mis palabras, recuerden como Cervantes recreaba a Rinconete en un patio sevillano sentado con una gran maceta de albahaca, verde y embriagante, en el centro del cuadrado.

Que no olvide nunca este Ayuntamiento que nuestras plazas y jardines de Sevilla fueron desde hace mucho tiempo el lugar de donde brotaba la ciudad a diario y de una forma tan directa como profunda, la vida de todos los sevillanos. Cuando se sienten en un jardín o un patio sevillano piensen lo que dijo de ellos Juan Ramón Jiménez: “Dios está azul”.

No esperen a otra Noche en Blanco para amamantarse de Sevilla y sientan cómo se oye el roce de la luz sobre las paredes y las hojas de Sevilla cualquier día del año. Exijamos a los regidores que nuestros parques de la ciudad sean el lujo del que no podemos desprendernos porque ese parque, jardincillo o plaza es, a buen seguro, el recinto más íntimo y grato de cualquier casa sevillana


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