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Los medios y los días

Nochebuena con Maese Pérez

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24 dic 2020 / 04:11 h - Actualizado: 23 dic 2020 / 18:15 h.
"Los medios y los días"
  • Abraham Martínez en uno de sus conciertos, bajo la “puesta en escena” del arte de Beatriz Rivas. El Correo
    Abraham Martínez en uno de sus conciertos, bajo la “puesta en escena” del arte de Beatriz Rivas. El Correo

Primero murió Maese Pérez, luego murió el órgano del que brotaban sonidos con los que el organista becqueriano elevaba hasta el éxtasis a los feligreses que cada Nochebuena acudían a la Misa del Gallo en el convento de Santa Inés. Los ángeles y el alma del músico que, según la leyenda del autor de las Rimas, siguieron con las interpretaciones de Maese, debieron recibir otras indicaciones para trasladarse a diversos lugares donde despertar emociones y conciencias. Solo se quedó el órgano de Maese, como sola y cubierta de polvo veíase el arpa “del salón en el ángulo oscuro”. Aunque las hermanas del convento seguían usándolo con toda su buena fe, el órgano envejeció sin remedio y acabó por enmudecer. Hasta que llegó otro organista y organero -que así se llaman los que reconstruyen y hasta crean órganos- llamado Abraham Martínez, sevillano como Bécquer.

Beatriz Rivas, profesora de Bellas Artes, pintora y creadora de los envolventes efectos digitales de las actuaciones de Abraham, nos recuerda que “hoy, 24 de diciembre de 2020, hace tres años que al órgano del Real Monasterio de Santa Inés, el órgano de Maese Pérez, le devolvió el aliento el organero y organista Abraham Martínez apoyado por una legión de cien bienhechores, capitaneada por su fundación Alqvimia Musicae”.

Beatriz Rivas califica de valiente una decisión que “fue tomada justo un año antes, cuando en la Nochebuena de 2016 Abraham comunicó a la priora del convento la decisión de regalar en su integridad la restauración del legendario instrumento”. Y añade: “con el deseo de que el instrumento, desmontado tras las fiestas navideñas de 2016, no pasara ninguna Nochebuena fuera del convento, la Fundación Alqvimia Musicae hizo todo lo posible, y lo imposible, por reunir el coste económico que suponía restaurar los elementos que el organero y organista de la fundación no podía realizar: el mueble”. Rivas sostiene que el mueble del instrumento gozaba de una decoración asombrosa, policromada, estofado en oro y plata, cuidada hasta el último detalle, que fue restaurada en el Taller de Restauración de Jorge Anillo en Alcalá del Rio (Sevilla).

Para conseguir los fondos necesarios, la fundación organizó conciertos, almuerzos benéficos e invirtió todas las donaciones que sus mecenas entregaron desinteresadamente para sufragar los gastos de restauración del mueble del órgano. Mientras tanto, Abraham Martínez y su equipo, trabajaron innumerables horas durante los meses de enero a diciembre para tener el instrumento perfectamente restaurado en su parte sonora y mecánica.

Los nombres de los cien bienhechores quedaron grabados para siempre en el interior del fuelle del órgano, para que, en palabras del mismo Abraham, “el viento acariciara sus nombres antes de llegar a los tubos transformándose en música”. Fue un acto de altruismo, Bécquer y su Maese Pérez se negaban a quedarse sin el órgano y, como dice el filósofo Hegel, cuando la Historia necesita a alguien, lo crea, esta vez en la persona de Abraham.

Hoy, tanto Abraham como Beatriz estiman que “como anécdotas quedaron atrás las dificultades burocráticas que tuvo la Fundación Alqvimia Musicae y el Real Monasterio de Santa Inés para recuperar este emblemático instrumento para la ciudad de Sevilla”. Y apuntan con tonos poéticos un detalle muy positivo en estos tiempos donde la cultura y el patrimonio están siendo castigados económicamente más que de costumbre: “Desde que el órgano luce en el centro del coro, como luz que ilumina en la tiniebla, no hay horas en el día para elaborar los demandados bollitos y demás dulces del monasterio”. No queda ahí la cosa porque “hasta la Junta de Andalucía ha desempolvado el antiguo convenio incumplido hace 25 años y empieza, de momento, a cumplir parte de su deuda con esta comunidad de religiosas”.

Abraham Martínez tiene muy claro que “para recuperar el patrimonio, cuando los responsables directos no se hacen cargo, es responsabilidad de todos hacer lo posible y lo imposible, pues de nada vale lamentarse cuando éste se ha perdido. Si obramos entre todos el milagro ocurre”. El organista y organero cree que “hasta el famoso poeta autor de la leyenda Maese Pérez, el organista quedaría ensimismado si acudiera esta Nochebuena al Monasterio de Santa Inés. No se encontraría un órgano ruinoso y tocado por un cualquiera, sino que volvería a vivir en primera persona el milagro, la manifestación de lo divino, de la belleza, de lo sagrado. Una hierofanía de la cual volvería a escribir si estuviera entre nosotros para inmortalizar de nuevo que Maese Pérez ha vuelto por Navidad”.

Hubo milagro en torno a la Nochebuena y el órgano de Santa Inés en tiempos de Maese Pérez y parece como si se repitiera la historia con tintes del siglo XXI. De alguna manera, y de nuevo envuelto en esa inquietud imaginaria con que Bécquer rodeó a sus Leyendas, esta noche, Nochebuena, Maese Pérez regresa a su convento para hacer que el órgano de la capilla derrame sus notas y destierre para siempre las desgracias que hemos soportado este año ya moribundo.


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