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¿Nomadarios?

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21 ago 2022 / 02:00 h - Actualizado: 21 ago 2022 / 02:00 h.
"Tribuna"
  • ¿Nomadarios?

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No, no se trata de los primos lejanos de los dromedarios, sino de un palabro con el que he decidido bautizar al híbrido de nómada + sedentario, me explico. Recientemente descubrí la peli “Hace 1 millón de años” dirigida por Don Chaffey, en la que se nos narra las duras condiciones de vida de las tribus prehistóricas (enfrentamientos con otros clanes, la lucha por la supervivencia contra las condiciones climatológicas, ¡incluso contra los dinosaurios!) y queda claro que el que más difícil lo tenía, el que más tenía que perder era el ser solitario...

¡Pobre de ti si por algún motivo te expulsaban de la tribu! porque ahí tus probabilidades de sobrevivir se reducían drásticamente... A menos que tuvieras la fortuna de “ser adoptado” por un nuevo clan. En ese contexto tan original -en el más puro sentido del término que hace referencia al “origen, lo primero”- cobra especial relevancia el refrán “la unión hace la fuerza” porque, entre todos los miembros de la tribu, podían abatir a un T-Rex, sin embargo si te quedabas sólo... La situación se ponía del revés...

Tiempos de quid pro quo

El film de Chaffey me hizo pensar que la confianza, la esperanza, la seguridad, la estabilidad de aquellos primeros pueblos empezaron a brotar en el momento en el que “hicieron piña” y decidieron establecerse en un lugar, con sus correspondientes costumbres y de éstas se extrajeron las normas, las leyes etc. Es decir, las personas dimos el importante paso evolutivo de sobrevivir a vivir en el momento en que dejamos de ser nómadas y nos convertimos en sedentarios, de ahí surge el sentimiento unitario de pueblo, ciudad, nación... Surge el sentido de identidad, el de formar parte de algo, el pasar de la alerta constante que supone el continuo “ir de aquí para allá“ sin saber qué te vas a encontrar, al poder comenzar a mirar hacia adelante y disfrutar un poco porque ¡ey, ya tienes un huerto! y si necesitas ayuda con algo, puedes recurrir a tu vecino, ¡tiempos de quid pro quo! Tenía sentido eso de cambiar de nómadas a sedentarios, ¿no?

Sin embargo, si echamos una pequeña mirada a nuestro transcurrir diario, pareciera que se hayan invertido los papeles porque volvemos a ser nómadas: movilidad geográfica como requisito básico en muchos trabajos, cambios laborales casi a ritmo de twist, saltos de una pareja a otra y “tiras porque te toca”, proliferación de la comida rápida, vacaciones, viajes constantes (he llegado a conocer personas que si se quedaban un finde sin viajar, ¡parecía que les faltaba el aire!). He oído en muchas ocasiones el término “ciudadano del mundo”, ¿qué quiere significar exactamente? porque yo lo entiendo más bien como alguien que es “de todos lados y de ninguna parte”, creo que a veces se mezcla el término “adaptación” (algo bueno y necesario para poder sacar lo positivo de cada escenario) con “confusión” (el moverse de aquí para allá -tanto en términos literales como metafóricos- porque toca pero no tengo ni idea de cuál es el propósito).

Alma nomadaria

En dos palabras, esa es mi conclusión: alma nomadaria, así me siento, como una especie de híbrido entre nómada y sedentaria. Creo que es positivo para la estabilidad física, mental y emocional el -valga la redundancia- establecerse y tener sentido de pertenencia (ya se trate de un hogar, una relación o un trabajo) pero el paso previo de ese “establecer” es el “conocer” y para eso ¡te tienes que mover! Así es como se llega a crecer... Y tú, ¿también eres nomadario?


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