martes, 11 agosto 2020
15:14
, última actualización
Pasa la vida

O PSOE y PP pactan o los arruinados auparán a los pirómanos

Image
Juan Luis Pavón juanluispavon1
24 may 2020 / 10:04 h - Actualizado: 24 may 2020 / 10:05 h.
"Pasa la vida"
  • O PSOE y PP pactan o los arruinados auparán a los pirómanos

Volvamos a ser 'El abrazo' de Genovés, no el 'Duelo a garrotazos' de Goya. Ni por el coronavirus ni por la recesión estamos predeterminados a destrozar nuestro porvenir. Vacúnense del tópico 'España no tiene remedio'. Falso. Somos hijos de la reconciliación que por vez primera en nuestra historia construyó una democracia en la que cabemos todos. Y con la que hemos estado más libres y cohesionados que nunca en nuestra historia, porque durante décadas ha primado la ilusión y el orgullo de ser sin complejos ciudadanos del mundo y habitantes de un país avanzado. Mantengamos confinados los demonios del odio y el sectarismo. No seamos indolentes con nosotros mismos y no cedamos el protagonismo a las minorías cuyos desahogos esconden su deseo de esconderse en el pasado por su incapacidad de entender la sociedad moderna y de aportar soluciones para gestionarla bien.

Calamity Sánchez versus Cacerolo Spain. Así definía con ironía el crítico de cine Manuel Lombardo en las redes sociales el comienzo de este fin de semana de duelo al sol en el que la ola de calor más intensa y peligrosa no es la procedente del astro rey sino de la fábrica de intoxicaciones y crispaciones que a revienta caldera activan muchas cúpulas políticas. Para intentar enredarnos y enfrentarnos con argumentarios viscerales, y así practicar el escapismo para ocultar tanto los problemas mayúsculos que ya padecemos como su incompetencia e insensatez para afrontarlos. Sí que es un estado de alarma la alarmante irrelevancia social de los partidos mayoritarios en número de votos y de militantes, PSOE y PP, que están totalmente diluidos a la hora de liderar la ciudadanía, y son Vox y Podemos quienes se afanan en protagonizar las redes sociales, las polémicas, las movilizaciones, los victimismos. Radicalismos que se dan recíprocamente la coartada.

Piense que esta semana comenzó en el Congreso de los Diputados con quien ha representado a la sociedad española madura, profesional y realista ha sido el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos. Impecable su análisis como servidor público, y su sentido de la responsabilidad para decir la verdad el pasado lunes día 18, con los números por delante: va a ser de tal calibre el desajuste y endeudamiento en las arcas públicas, y la dependencia durante muchos años de la financiación procedente del exterior, que solo hay un camino para salir adelante y no hundirnos: un pacto económico, fiscal y laboral que vertebre la gobernanza de varias legislaturas. Acertando en los recortes y en las reformas estructurales que el país lleva posponiendo desde comienzos de siglo. Eso significa que son papel mojado y cortina de humo todos los promesas y postureos de cada partido político en particular para hacer ver que son quienes en exclusiva protegen al pueblo. O pactamos o esto es un sálvese quien pueda.

Fue decir el gobernador del Banco de España algo tan cabal como: “parece razonable repartir entre el conjunto de la sociedad los costes que una parte de la ciudadanía ya está soportando de una forma muy directa”, y de inmediato se aceleró la deriva esperpéntica de la clase política para jugar a engañarse más y provocar polémicas, incluso echándose en cara los muertos por coronavirus. Todo con tal de huir de esa obligación ineludible, que comporta dejar de mentir a sus respectivos forofos y anunciarles no solo más persecución del fraude fiscal sino también recortes a funcionarios y pensionistas. No a los intocables enchufados y camarillas, por supuesto, esos son empleos a proteger más que las 'Meninas' en el Prado.

Cuando comencé a escribir este artículo, sábado 23 de mayo a mediodía, era lamentable constatar el alto porcentaje de mensajes frentistas que lanzaban con fruición algunas personas para copar las redes sociales. Seguidores de Vox alentando a colapsar las principales avenidas, pero lo patriótico es extender la distancia física de separación, también cuando se protesta, para evitar el riesgo de contagio del virus. Y acusando de antiespañoles a Sánchez e Iglesias, lo que conecta con rémoras pretéritas para imponer el poder de unos españoles y expulsar a los otros. En paralelo, simpatizantes de Podemos se esforzaban en extender este llamamiento: “¡Apoyemos al Gobierno de España! ¡Vox no les da tregua y van a por ellos! ¡Paremos al fascismo! El domingo 24 a las 12:00 aplaude, pon música y saca algo rojo o morado. ¡Somos muchos antifascistas! ¡Aplausos de apoyo al Gobierno!”. Unos y otros se lo tienen que hacer mirar. Porque sus respectivos líderes, a los que no les ven ni un solo error, van a rentabilizar la crispación con sus trincheras de coche oficial. Pero mucha más gente, también de los 'suyos', caerá en el socavón de la pobreza cronificada si incurrimos en el histórico disparate de ser el único país grande de la Unión Europea que negocia su posición en el nuevo orden internacional con una debilidad extrema porque ha sacado del armario la tradición autodestructiva de las dos Españas irreconciliables.

Tampoco es cierto el apriorismo que considera inevitable que el común de las personas que comentan en redes sociales son irreflexivas y renuentes a admitir las aportaciones de quienes disponen de informaciones y criterios distintos a los que tienen preestablecidos como munición dialéctica. Pero si la mayoría de los españoles, en sus diversos ámbitos de socialización, ya sea en la familia, en la vecindad, entre amigos, en foros o en la opinión pública, se abstiene de participar y deja expedito todo el espacio a quienes más ambicionan apoderarse del sentir general arengando desde la manipulación y el enconamiento, estará abonando el terreno a que en toda España suceda lo mismo que en Cataluña, donde el reaccionario supremacismo identitario campa a sus anchas y somete a la mayoría de los catalanes al miedo a ser señalado como traidor. Reflexione: cuando el pasado viernes 22 la Generalitat le dice al Ministerio de Sanidad que en realidad han muerto en Cataluña 635 personas más por coronavirus de las que habían comunicado hasta ahora, si eso llega a ocurrir desde un Gobierno de la nación o desde cualquier otra autonomía, sería el escándalo que encabezaría muchos días los medios informativos y el debate público en general. Ya estaría de oficio interviniendo la Fiscalía para esclarecer qué ha sucedido. Cómo y por qué de pronto afloran 635 muertes más. Sin embargo, se está tomando a beneficio de inventario tan terrible revelación. Pasotismo y silencio ante tan lamentable confirmación de la desastrosa gestión sanitaria en manos de los independentistas, que presumían de ser mucho mejores que los demás peninsulares y en realidad son los peores. Pronto, para taparse y desviar la atención, estimularán que pandillas de jóvenes manipulados y radicalizados causen disturbios al grito de “las calles serán siempre nuestras”.

Cuánto envidiamos a los gobiernos y parlamentos de Portugal y de Alemania. Están plantando cara a la doble emergencia sanitaria y económica con eficiencia y consenso. Balance: mucho menor porcentaje de muertos por número de habitantes y menor desplome de su actividad productiva. El gobierno socialista de Antonio Costa, y sus socios del Bloque de Izquierdas y del Partido Comunista, han propiciado integrar en la estrategia de unidad nacional a los partidos de centro y de derecha. El gobierno germano encabezado por Angela Merkel ya era antes de la pandemia una coalición de los dos partidos que en las urnas rivalizan por la hegemonía: los conservadores y los socialdemócratas. Por lo tanto, desde ambos países dejan en evidencia que, en una situación de excepcional envergadura y consecuencias a largo plazo, en España se está intentando hacer política perdiendo el tiempo en dirección equivocada.

También es posible en España gobernar con eficiencia, con sentido de Estado y con vocación de consenso. Mucho mejor nos iría si el Consejo de Ministros, el Parlamento y las cúpulas de los principales partidos estuvieron encabezados por políticos serios, solventes y experimentados como Luis Planas y Ana Pastor. Sus capacidades son muy superiores a las de Pedro Sánchez, Pablo Casado, Isabel García Ayuso, Adriana Lastra, etc. Por eso cae por su peso preguntarse: si cuando necesitamos ponernos en manos de médicos, arquitectos, abogados, educadores, técnicos de reparación, etc., procuramos elegir a los mejores, por las consecuencias que acarrea solucionar bien o mal un problema, apliquemos el mismo criterio para elegir a quienes nos han de representar y gobernar. Conviene dejar cuanto antes de ser masoquistas. Y la catarsis ha de comenzar en el seno del PSOE y del PP. Militantes y simpatizantes incluidos. O se ponen las pilas para elegir a sus políticos más preparados, aunque sean menos jóvenes y menos pintureros, o más dura será la caída para este país. O PSOE y PP se centran y pactan de modo solidario el plan de choque para encauzar nacional e internacionalmente la respuesta a la crisis y el reparto de sacrificios, o el cúmulo de frustraciones y agobios en todas las clases sociales hará caer con estrépito la estabilidad política de España, convertirá en irrelevantes a dichos partidos y millones de españoles arruinados tenderán a secundar a quienes con mayor extremismo invocan una identidad basada en el rencor y en el enfrentamiento con otros sectores sociales.


  • 1