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La Tostá

¿Objetividad en la opinión?

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
08 sep 2020 / 09:38 h - Actualizado: 08 sep 2020 / 09:41 h.
"La Tostá"
  • ¿Objetividad en la opinión?

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Uno de los reproches más frecuentes en las redes sociales a quienes opinamos en periódicos desde una columna es la falta de objetividad. ¿Se puede ser objetivo cuando se opina desde las creencias, la ideología o la independencia? La opinión es siempre subjetiva. La información sí debe ser objetiva. Cuando veo Al rojo vivo, de La Sexta, que modera Ferreras, compruebo que pocas veces separan la información de la opinión. Suele ser casi siempre una información tendenciosa. En cuanto a la opinión se escudan diciendo que el contertulio es libre de decir lo que quiera. Claro, pero controlado. Es decir, a esas tertulias televisivas no va cualquiera que no esté bien controlado, y muchos de los tertulianos son puestos e incluso impuestos por los partidos políticos. Al socialista Antonio Miguel Carmona le grabaron un día un vídeo en el que reconocía sin titubeos y con desvergüenza que él iba a esas tertulias a decir lo que le pedían que dijera, quienes lo habían puesto en La Sexta Noche o en cualquier otro programa de debate político.

La columna de un periódico es otro cantar. El columnista debe ser consciente del medio para el que trabaja, que tiene su línea editorial, pero suele opinar con la libertad que le da el propio medio. En tantos años trabajando en El Correo, de crítico de flamenco o columnista, debo decir que jamás me ha dicho nadie que opinara para proteger o destrozar a alguien, artista o político. Cuando me pidieron ser colaborador en un suplemento semanal de flamenco, El Correo Flamenco, en tiempos del Padre Javierre (1984), coordinado por mi maestro Emilio Jiménez Díaz, no me preguntaron si era mairenista, marchenero o caracolero. Cuando comencé a darle caña al mairenismo, alguien muy influyente llamó al periódico a dar las quejas y a preguntar que cómo dejaban opinar de flamenco en este diario a un antimairenista. Entonces, Mairena era el poder, el amo de la cantelogía patria, y los tentáculos del mairenismo eran interminables.

En lo referente a la política, a mediados de los ochenta era complicado ser un periodista independiente gobernando el Partido Socialista en Andalucía. Le di muchos quebraderos de cabeza a Manuel Gómez Cardeña, pero nunca me dijo lo que tenía que decir o callarme cuando, por ejemplo, cubría la Bienal o nombraban de asesor de flamenco en la Junta a algún indocumentado. Por tanto, como no estudié la carrera de Ciencias de la Información aprendí el periodismo en el tajo, en la redacción de este periódico con el citado director, Cardeña, Antonio Avendaño, Rafael Guerrero, Carmen Carballo, José María Gómez, Paco Gil Chaparro, Paquita Godoy, Pepe Guzmán, Manolo Castro, Tomás Furéts o Pepe Elías, entre otros compañeros y maestros. Si hoy soy un alma libre dentro del periodismo, como dicen algunos, es porque tuve esa escuela. Entonces era un izquierdoso radical que venía de las calicatas y un barrio marginal como Su Eminencia, y ahora vivo en el campo y le atizo a Unidas Podemos hasta en el cielo de la boca, porque sigo siendo un alma libre e independiente.

No puedo ser objetivo cuando opino desde la libertad que me permite El Correo y que mamé donde creía que debía mamarla. Un columnista es libre de proteger y defender al partido o líder político que quiera si es capaz de argumentar sus opiniones con solvencia. Pero pedirle objetividad al que opina desde la libertad, es como pedirle al sol que alumbre como la luna.


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