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La Tostá

Ochenta años sin El Decano del Cante

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
09 sep 2020 / 09:46 h - Actualizado: 09 sep 2020 / 09:47 h.
"La Tostá"
  • Ochenta años sin El Decano del Cante

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Se han cumplido 80 años de la muerte de Fernando Rodríguez Gómez, Fernando el de Triana, cantaor, guitarrista, letrista y escritor de flamenco que nació no en Triana, sino en la calle Pozo, por San Luis, en abril de 1867. Bautizado, además, en San Gil. Tuvo engañados a todos durante toda su vida diciendo que era trianero e hijo de un gitano herrero del arrabal, cuando su padre no era gitano ni herrero, sino gachó y carpintero de la otra orilla del río, es decir, del otro lado del puente. Es verdad que El Decano del Cante, como le llamaban ya de mayor, era un niño cuando su familia se afincó en la calle Verbena de Triana. En 1875 ya aparece empadronado en esta calle junto a sus padres, su hermano Joaquín, que tocaba la guitarra y era de la calle Pópulo, por la Magdalena, y una hermana ya nacida en Triana. Por tanto, Fernandillo creció en el barrio sevillano, entre esta calle y Pureza, rodeado de cantaores y cantaoras que se zurraban en Casa Rufina, una taberna que hizo historia porque en ella hubo verdaderos mano a mano entre Juan Pelao y Manuel Cagancho. Son célebres las juergas gitanas del Arquillo, donde aparecía Curro Puya, la piedra fundamental, y acababa con el cuadro. Fernando vivió este ambiente y se hizo cantaor, aunque no de una gran calidad. Pero como tocaba la guitarra, escribía letras y buscaba bolos, se hizo muy famoso y en 1935, anciano, arruinado y viviendo en Camas (Sevilla), decidió publicar sus memorias de cantaor ayudado por Antonia Mercé La Argentina, la gran bailarina, Blas Infante y algunos artistas e intelectuales. Fue el Padre de la Patria Andaluza quien primero vio esos recuerdos manuscritos, en Coria del Río, y se los pidió para ordenarlos y convertirlos en libro. Se los pasó a máquina y le hizo hasta el prólogo, pero los enemigos de la Patria Andaluza, los que fusilaron a don Blas, decidieron que el libro tenía que salir sin nada que tuviera que ver con el político. Esta obra, Arte y artistas flamencos, que Fernando y su mujer, Paca la Coja, vendían por las calles para poder comer, es de los más importantes del flamenco. Sin este libro no sabríamos casi nada de las grandes figuras flamencas del XIX. Se reeditó en 1952, manipulado por el periodista y escritor falangista Tomás Borrás, y en los setenta se volvió a reeditar en Zamora. Alguna institución sevillana debería volver a reeditar el libro con una biografía del autor y un análisis de la obra, crítico, si se quiere, porque tiene sus lagunas y errores, con datos sin contrastar y fotografías equivocadas. Sería el mejor homenaje a Fernando el de Triana, por su importante aportación. Murió en la pobreza más absoluta en el pueblo de Camas, en una casa de alquiler en la que estuve y que ya no existe. Allí tuvo una taberna, La Sonanta, decorada con viejos carteles y fotografías, por la que pasaron figuras del flamenco y la tauromaquia, poetas, escritores y políticos. Murió el 7 de septiembre de 1940, pobre como una rata, y su mujer, desamparada, vendía sus libros por las calles con una espuerta de esparto. Si esta historia no merece que Sevilla tenga un detalle con el artista, es que estamos culturalmente muertos.


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