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La vida del revés

Odiar a Pablo Iglesias

Odiar a Pablo Iglesias es fácil. De hecho, millones de españoles lo hacen y, por supuesto, no tantos le admiran. ¿Por qué es fácil detestar a este político?

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05 oct 2020 / 16:46 h - Actualizado: 05 oct 2020 / 16:55 h.
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  • Pablo Iglesias. / EFE
    Pablo Iglesias. / EFE

Odiar no es fácil. El odio es un sentimiento devastador, mugriento, un sentimiento que acaba con todo y con todos. Odiar no es sencillo porque el que lo hace sabe que se deja atrás su propia esencia. Odiar da miedo. Sin embargo, a Pablo Iglesias parece ser que se le odia con cierta facilidad.

Conocimos a Pablo Iglesias cuando se sentaba en los platós de televisión. Y dijo que a él no le representaban los políticos de siempre porque no eran como él; y dijo que él si representaba a todos porque no era de esa casta tan nauseabunda que forma la clase política. Así le conocimos, pero pronto quiso ponerse al frente con actitudes violentas, lanzando misiles a la línea de flotación de la vieja política, de los medios de comunicación, de la Iglesia, de las instituciones; pronto intentó colocar a un lado a los buenos y otro a los malos, a un lado el odio y al otro... el odio de distinto color. Aunque lo peor llegó cuando se compró el chalet. Sí, ese ha sido el gran error de Iglesias. Porque en España estamos acostumbrados a la corrupción política y ya miramos a otra esquina entre aburridos y asqueados si escuchamos una noticia sobre ese particular (si a este le han financiado los iraníes nos importa bien poco, ya es hora de reconocerlo), estamos acostumbrados a que los políticos no cumplan con sus promesas; pero la traición personal no la consentimos los españoles. Este decía que se quedaría a vivir en Vallecas porque era como los demás, que no iba a ser un político de los de toda la vida y ya lo es; que la moral era intocable y ha sido el primero en cargársela. El chalet y su esposa haciendo reportajes para revistas pijas no se puede consentir si eso representa una traición.

Una curiosidad. Para diferenciar quién le odia desde el principio y quién después, es necesario que se fije la atención en cómo se le da cera al vicepresidente. Los que se refieren a él como comunista (de forma despectiva), como amigo de los etarras o como perroflauta, le odia desde el principio. Los que dicen odiarle y se quedan ahí, odian a Iglesias desde la compra del chalet, evitan rozar lo ideológico y le detestan por traidor.

El político del moño desdibujado es muy bien odiado. Un buen número de personas odian a José María Aznar como si no hubiera nada mejor que hacer en los próximos cien años. Rufián y Cayetana Álvarez de Toledo no se quedan a la zaga. NI Santiago Abascal. Estos caen mal por estirados, por graciosillos o por odiosos, pero no por traicionar esa idea de representar al pueblo siendo parte de él. El odio al traidor que fue rey de los platós de televisión es genuino y único.

Yo no odio a este sujeto. Me parece mediocre, una estafa ideológica. Me da mucha pereza odiar a alguien tan insignificante. Les recomiendo que hagan lo mismo, que no gasten energías para tan poca cosa.


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