Orquestas profesionales y Conservatorios

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22 feb 2022 / 09:18 h - Actualizado: 22 feb 2022 / 09:24 h.
"PSOE","Música","Impuestos","Málaga","Real Orquesta Sinfónica de Sevilla"
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Han hecho falta 30 años para que el Conservatorio Superior de Música de Sevilla y la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla hagan un tímido acuerdo para que por lo menos tres de los músicos de la Orquesta den clases a alumnos del Conservatorio. ¡¿Cómo pudo ser que en torno a 1992, cuando se crearon las tres grandes orquestas de Andalucía (Sevilla, Málaga y Córdoba) se seleccionaran a los mejores instrumentistas del mundo (hubo pruebas en Moscú, Nueva York, París, Sevilla) para traerlos a Andalucía y que sólo se les ocurriera a los mandamases de entonces (un PSOE cuadriculado lleno de rabia obrera incapaz de la flexibilidad requerida para según qué casos) usarlos para que tocaran y no para que enseñaran?! De esta manera, teníamos los mejores músicos de orquesta del mundo sonando y ningún profesor internacional dando clases en los conservatorios. Y todo por culpa de la injusta, bienintencionada (este término, para mí es peyorativo: hay tantas maldades “bienintencionadas”), cegata y cortoplacista ley de las incompatibilidades. Seguro que la ley de incompatibilidades tiene beneficios en algunos sectores, pero como su génesis es la de tantas leyes estatales —matar moscas a cañonazos—, pues a los músicos (moscas en medio del barullo funcionarial) les afecta de manera concreta.

Mírenlo de otra manera: ustedes pagan con sus impuestos a grandísimos músicos de talla internacional que podrían estar formando a nuestros jóvenes en los conservatorios con horarios parciales. No se amortiza su dinero y esto se hace así porque los gestores de lo público “disparan con pólvora del Rey” (o sea, con recursos que no son suyos).

Muchos de estos músicos extranjeros me contaban cuando llegaron: “En mi país tocaba en tres orquestas y daba clases en dos escuelas o conservatorios. Estaba todo el día activo, la música fluía por mis venas; mis alumnos participaban en mis actividades, todos estábamos continuamente en movimiento, excitados, emocionados, estimulados. Llegué aquí y sólo podía tocar en una, ensayando por las mañanas, luego cervecita, siesta, tarde libre... Y lo único que he conseguido ha sido tocar peor cada día y perder la tensión profesional. Ah, eso sí, en Andalucía se vive de maravilla. Me he adaptado a este ritmo maravillosamente”. El ritmo, se lo digo yo a ustedes, se llama “mediocridad”.

Ahora, el nuevo gerente de la ROSS, que sabe lo que se necesita en nuestra ciudad, que se le ve preocupado no sólo por que la orquesta suene bien y sus músicos se sientan orgullosos de compartir sus conocimientos y experiencia, sino por que nuestros jóvenes músicos puedan enriquecerse con estos grandes intérpretes, ha conseguido —seguro que con enormes dificultades burocráticas— que algunos de ellos puedan empezar a enseñar de manera oficial a nuestros alumnos.

La ley de incompatibilidades del PSOE (que ningún gobierno ha derogado, aunque han permitido recovecos para médicos, abogados y arquitectos) produjo una perversidad justamente contraria a lo deseado: que por la puerta de atrás, los músicos de las grandes orquestas dieran clases particulares a niños con suficiente poder adquisitivo para pagarlas, o sea: fomentaron aún más las desigualdades sociales que con su ley castradora pretendían controlar.

¿Ven cómo de ideas bienintencionadas están llenos los cementerios de la realidad?


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