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Los medios y los días

¿Otro mundo no es posible?

22 mar 2020 / 04:51 h - Actualizado: 21 mar 2020 / 23:51 h.
"Los medios y los días"
  • ¿Otro mundo no es posible?

No puedo creerlo. Los grandes almacenes han cerrado o están al mínimo, esos lugares odiosos que te atosigan con tanto producto innecesario, diez, quince, veinte marcas de esto y de lo otro, zapatillas para correr, zapatillas para caminar, para salir, para estar ya super cómodo, productos supuestamente sanos para no morirse nunca o al menos tener un cuerpo diez mientras que el que se muere es el bosque porque cortan los árboles para sembrar soja y otros productos sanadores con el fin de que nosotros nos cuidemos el aspecto; miles de películas insulsas que te llevan a un mundo imaginario que te aleja del verdadero y te mete en una burbuja, en fin, un sinsentido total, todo eso, cerrado.

Los sorteos de loterías y de cupones, esos que por un numerito te arreglan la vida con una cantidad exorbitada o te dan un sueldo para siempre y lo llaman ilusión de todos los días, ir a un garito a comprar un boleto es toda la ilusión que le dan a la gente y que la gente acepta con gusto y luego va a misa y se llama cristiana y solidaria. Cerrados restaurantes que te clavan por cualquier plato de esos cursis con nombres estúpidos que parecen plazas de toros con una pizca de comida supuestamente sabrosa en el centro. Cerradas las tiendas donde se observan cientos de objetos extraídos del petróleo pero que compramos en masa porque son graciosos, curiosos, originales. Cerrados los bazares chinos que comercian con malos objetos procedentes de la producción en masa que mantiene enfermo al planeta.

Por un tiempo no voy a ver a esas personas que te paran por la calle para meterte en el cuerpo sentimiento de culpa porque hay seres necesitados que precisan tu ayuda monetaria, claro, y luego esa ayuda apenas les llega sino que se queda en manos de intermediarios que convierten a la pobreza y a la miseria en un negocio en nombre de la solidaridad mientras que gobiernos y fundaciones subvencionan y quedan también como filántropos demócratas.

Por un tiempo, el Estado se hace cargo de la sanidad privada que te da prestaciones a cambio de dinero y según ese dinero te atiende en unas necesidades y no en otras y cuando se le presentan problemas te manda a la sanidad publica. Una vez fui presa de eso y lo denuncié en un medio de comunicación y me tiraron de las orejas por hacerlo como me han tirado toda mi vjda y me siguen tirando ahora con 65 años y siendo catedrático de periodismo, ahora que, como León Felipe, me sé todos los cuentos y sólo respondo ante mi conciencia, mis alumnos y el Estado que me paga.

Pero todo es una simple ilusión porque me sé también este cuento. La gente no puede aguantar en sus casas, no es capaz de enfrentarse consigo misma. Un tipo grita por, la ventana: “Me aburrooooo”, parece que se va a morir de aburrimiento y yo me acuerdo del título del libro de un autor que vendía mucho en el franquismo, Álvaro de la Iglesia y su obra Sólo se mueren los tontos, pero yo le matizo el título: Sólo se aburren los tontos. La gente canta y baila desde sus terrazas, quieren su minuto de gloria, mientras otros intentan estafar y ganar algún dinero vendiendo mascarillas o desinfectantes.

El personal aplaude a los sanitarios, pero habrá que recordarles que esos grandes profesionales aplican los remedios que una minoría de talentos mal pagados -que suelen estar siempre encerrados y que no se aburren porque no necesitan que los distraigan- les facilitan, gracias a que estudian y trabajan en laboratorios de manera agotadora y al final dan con la tecla y permiten que los aburridos ciudadanos puedan seguir consumiendo y llevando sus vidas anodinas con resignación.

Dudo que otro mundo sea posible porque construirlo no es asunto de unos pocos, esos pocos lo que deben hacer es seguir trabajando, unirse y quererse mucho porque gracias a ellos los demás pueden afirmar que les es posible continuar con sus asuntos.


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