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La vida del revés

Pablo Casado y el maldito cha cha cha

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17 feb 2021 / 08:57 h - Actualizado: 17 feb 2021 / 08:59 h.
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  • Pablo Casado y el maldito cha cha cha

Pues ya conocemos la nueva estrategia que Pablo Casado ha diseñado para sacar al PP del atolladero en el que está metido. Se mudan de sede y no volverán a dar explicaciones sobre lo que pasó en la época de Bárcenas, Aznar, Arenas, Rajoy, Álvarez Cascos y Cospedal. Ah, y de Rodrigo Rato y de muchos más. Por ejemplo, en la época del mismísimo Pablo Casado; porque este señor ya estaba metido en política en pleno apogeo corrupto en el seno de su partido. Parece que haya salido de debajo de una seta por sorpresa y que él no tenga nada que ver con el pasado del partido.

‘Cambiamos de sede y esto se arregla en un par de meses’. Es la estrategia de Pablo Casado. Como todo el mundo puede observar se trata de un proyecto político hondo y sólido. ‘Nos vamos con la música a otra parte’. Y se parece bastante a la política de la que este muchacho ha mamado, la de Mariano Rajoy: ‘que nadie se mueva, esto pasará en un par de semanas’.

La falta de autocrítica de Pablo Casado y su equipo es alarmante. La culpa del nuevo desastre electoral la tiene el inmueble de la calle Génova, haber dado explicaciones claras y llenas de verdad frente a las cámaras (ay, si eso hubiera ocurrido de verdad; cuánto hubieran cambiado las cosas), la fiscalía, los medios de comunicación hostiles, los de Vox porque no hacen más que arrimarse a ellos... La culpa fue del Cha cha cha. Me viene a la cabeza parte de la letra de esa maravillosa canción de Gabinete Caligari. Y yo bolinga, bolinga, bolinga / Haciendo frente a la situación / Con torería y valor. Que el candidato no fuera el más adecuado, la falta de contenido político de la campaña, la nula sintonía con los catalanes o aparecer en los medios para decir que la policía fue muy mala el 1-O y cosas por el estilo, no es nada importante. La causa de los males son los otros. Guay.

Resulta patético ver cómo se arrastra un político joven, justito de experiencia (ya le dijo Celia Villalobos a esta criatura que se esperase a tener más experiencia, que se hiciera mayor antes de meterse en el jardín en el que se metío) justito de astucia política, rodeado de un equipo flojísimo; cómo se arrastra, decía, para mantenerse en un cargo que deseaba con toda su alma y que va a terminar convertido en su tumba política. Es joven, y eso que ha sido una losa para él, se puede convertir en una ventaja si le da por aprovechar el tiempo y, por ejemplo, estudia una carrera y un máster. Esta vez, de verdad. Y resulta igual de desastroso que un político diga que las cosas del partido no se heredan, que ‘pío, pío,que yo no he sido’; lo dice como si no supiera él (desde el primer instante) que ser presidente del PP era asumir que el pasado existe.

Menudo panorama tenemos en la política española. Mucha ambición y poca clase. Mucho marketing y poca idea. Mucho niñato y poco estadista. Es lo que hay.


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