sábado, 04 julio 2020
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Correr no es de cobardes

Padres taxistas

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24 ene 2020 / 09:23 h - Actualizado: 24 ene 2020 / 10:13 h.
"Correr no es de cobardes"
  • Padres taxistas

Desde hace tiempo, tenemos especial interés en saber más sobre las conductas de los padres en los campos de deporte. Será por aquello de que la educación que recibimos de pequeño, se marca a fuego en nuestro cerebro; y algunos, afortunadamente, tuvimos la suerte de estudiar en un Colegio, con mayúsculas, donde los valores son muy importantes, y teníamos un Entrenador, con mayúsculas, que además de enseñar a jugar bien al fútbol, estaba más interesado en ganar la Copa de la Deportividad, que la liga escolar, y eso marca a fuego.

En estos días de Pin parental, de controversia sobre qué se trata de conseguir con tan desacertado término que recuerda al móvil, al ordenador, a lo que no queremos que otros vean; en un momento, en que el profesorado se queja amargamente de la dejadez de muchos padres; y estos, del sistema educativo, y claro, así nos va.

En el campo del deporte, hay clasificaciones para describir la conducta de los padres, vaya por delante que usamos el genérico, así que también se habla de madres. En estos tiempos se ha de andar con pluma de plomo sobre estas cuestiones; aunque desgraciadamente se ha de recordar que el número de incidentes de estas como protagonistas, ha aumentado de forma alarmante.

Los hay entrenadores de banda, esos que dan instrucciones, sin mucho más conocimiento que haber practicado algo de deporte, y que fácilmente contradicen las directrices del propio entrenador. Alguno he conocido que vociferaba en un partido de tenis, donde no se puede instruir mientras se juega, o indicar como se debe patear la bola para mandarla al hoyo. En ambos casos, jamás, habían jugado ni a lo uno, ni a lo otro.

Los tenemos vociferantes, desinteresados, críticos, y los más preocupantes, los padres banqueros, esos que creen que sus hijos son una caja registradora, el chalé en la playa, la llave de su futuro, su pensión vitalicia; los que albergan en el subconsciente la idea de tener un Ronaldo, un Messi, un Tiger Wood en casa, aquellos que han destruido la pasión de sus hijos por la presión excesiva, la exigencia extrema, por discutir con los entrenadores, por exigir una alineación, por faltar el respeto a los compañeros o pelearse en la grada.

A mí me gustan los padres taxistas, esa mayoría, lo que incluye a las madres, que cumplen una función vital. Sacrifican su descanso sabatino o dominical, y cada día, los llevan y recogen; sin reproches, corriendo de un lado para otro, con la alegría de quién deposita su bien en un espacio, el deportivo, donde aprenderán habilidades, valores, conductas sanas. Son los que confían en los entrenadores, en los clubes, que ayudan cuando es necesario; que no imponen, y jueguen mejor o peor, ganen o pierdan, siempre tienen palabras de ánimo. Saben que les van a devolver una mejor persona. Padres sin pin, porque el deporte, con buenos entrenadores, bien practicado, educa.


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