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Parir como nuestras ‘ancestras’

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Pepa Violeta Pepavioleta
29 mar 2020 / 16:27 h - Actualizado: 29 mar 2020 / 16:58 h.
"Feminismo"
  • EFE
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Cuántas veces se ha tachado de loca inconsciente a esa madres que de forma rotunda y clara ha manifestado alguna vez su deseo de parir en casa. Pues parece ser que ha tenido que venir una pandemia mundial, para que toda esta lógica aplastante propia de la sabiduría femenina, vuelva a poner las cosas en el lugar que corresponde.

La actual crisis sanitaria por el COVID-19 ha cambiado los protocolos médicos de un día para otro y las madres gestantes se han encontrado con un panorama poco tranquilizador. Parir en casa ahora ya no parece tan peligroso como nos vendía la comunidad médica hace dos días. El miedo a un posible contagio de madres y criaturas está motivando un cambio de patrón, de conducta hacia el parto, la crianza y la lactancia. Pero hay que prestar atención a lo fundamental de todo esto y es que parir en casa sólo es posible si estamos bien informadas, si la madre lo desea y si el embarazo no es de riesgo. No puede convertirse en una opción a la que abrazarse por miedo a un posible contagio. La realidad de esta crisis sanitaria, va más allá del colapso de las UCI por enfermos/as del COVID-19, también hay otras realidades que acontecen, afectan a las mujeres y deben ser mostradas. Como es la atención que están recibiendo las mujeres que tendrán que dar a luz en plena pandemia. Las numerosas pruebas médicas para comprobar que el bebé está bien a las que nos tienen acostumbradas, se han limitado a lo mínimo, igual que el tiempo de hospitalización de la madre tras dar a luz. Altas prematuras que están pasando factura a madres y recién nacidos, que no están recibiendo las atenciones necesarias. ¿La solución entonces? parir en casa, como lo hacían nuestras ancestras y maestras. Que no está nada mal, pero que requiere de un proceso de formación serio para que las/os futuras madres y padres puedan contemplar la opción del parto a domicilio siempre desde el deseo y con toda la información a su alcance y no empujados por el miedo.

Violencia obstétrica

Ya sabemos lo fácil que es contaminarse por el miedo. Hemos dejado de confiar en el poder de nuestra propia naturaleza animal. Nos hemos desconectado de la fuerza y sabiduría que corre por nuestras venas, heredada de nuestras ancestras que llevan pariendo desde las cavernas. Esta estructura patriarcal que lo ordena todo, también se ha apoderado de nuestros partos. Las mujeres nos hemos creído que no podemos hacer esto solas, que la comunidad médica tenía todas las respuestas. Seria demencial no reconocer los avances de la medicina y la importancia de la asistencia médica. Pero en un proceso tan natural y primitivo como es parir, la comunidad médica debe abandonar su privilegiada posición, para situarse en un segundo plano. Convertirse en los guías a los que acudir cuando la naturaleza no fluya sola.

Se ha medicalizado todo este proceso, hasta un punto en el que los nueves meses de una futura madre se convierten en una autentica carrera de obstáculos para detectar posibles complicaciones. La crianza la hemos dejado en manos de los pediatras y cómo llevar la lactancia en debate nacional.

El cuerpo de las mujeres se convierte en objeto de violencia, una vez más y es obligación ciudadana denunciar la mala praxis en algunos paritorios y el dolor de las mujeres víctimas de violencia obstétrica. Ponerle nombre a este silencio. Hace poco recibíamos la noticia de que después de diez años de lucha, finalmente una mujer había conseguido que un tribunal internacional repruebe por primera vez en la historia, a un Estado; por los malos tratos durante el parto y catalogue los hechos como violencia de género. España, ha sido ese Estado. Un total de diez tactos vaginales sufrió esta mujer sin su consentimiento. Le cortaron la piel, músculos y nervios que rodean la vagina (episiotomía), sin opción a réplica, además de ser separada durante varios días de su hija recién nacida. Casi 10 años después, la justicia condena esta práctica médica como un acto de violencia. Una de tantas que sufrimos las mujeres y que de tanto normalizar se acaba volviendo invisible. Pregunten a las mujeres de su entorno por sus experiencia de parto y se darán cuenta de la magnitud de este tipo de violencia.

Una pandemia para volver al origen

¿Después de la crisis se apoyarán más los partos en casa? No sabemos como volverá a tejer sus redes el patriarcado en relación a estas cuestiones, no deja de sorprendernos como se reinventa una y otra vez. Lo que está claro es que este momento que atravesamos está empoderando a las mujeres. Obligando a la sociedad a cuestionar la medicalización de procesos naturales como el parto, la crianza y la lactancia. Madres y padres que buscan alternativas más respetuosas con las que hacer realidad su sueño de tener un alumbramiento amoroso y conectado con nuestra esencia animal. Ser conscientes de que otras opciones son viables. Ahora más que nunca parece que adquiere sentido ese lema “nosotras parimos, nosotras decidimos”. No debemos olvidar nunca que el parto siempre ha sido nuestro y así seguirá siendo. La naturaleza nos concedió el poder de dar vida, nuestros cuerpos están preparados para ello. Y ahora especialmente debemos confiar en nuestra naturaleza mamífera. Sandra D. Siachoque, periodista y experta en lactancia, lo narra de forma magistral en su documental, aún pendiente de estreno, “Mamíferas”. Una trabajo audiovisual excelente con el que volver a retomar la confianza en nuestros instintos primitivos. Como se recoge en una parte del documental “para ser mejores humanos tenemos que ser mejores mamíferos”. Quizás necesitábamos una sacudida como esta para volver al origen.


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