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Los medios y los días

PCE, una fiesta deprimente

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29 sep 2021 / 04:30 h - Actualizado: 28 sep 2021 / 13:33 h.
"Los medios y los días"
  • Varias personas sostienen banderas del PCE, en la fiesta del centenario del PCE. Jesús Hellín / Europa Press
    Varias personas sostienen banderas del PCE, en la fiesta del centenario del PCE. Jesús Hellín / Europa Press

Con todos mis respetos para quienes aún gozan en la Fiesta Anual del Partido Comunista de España (PCE), cuando yo era rojo explícito, impersonal y transferible, la fiesta del PCE me dio muchas energías en Madrid y regresaba a Sevilla como nuevo. Era la segunda mitad de los años 70 naturalmente del sangriento siglo XX después de Cristo. Ahora que soy rojo implícito, personal e intransferible, un reaccionario, pero de la izquierda, sólo tropezarme con el anuncio de la fiesta me deprime. Y si llego a estar allí viendo a Yolanda Díaz, Pablo Iglesias, etc., creo que la caja del Prozac se me hubiera agotado. Y es que en realidad soy de derechas porque todos los seres humanos son de derechas. Creo que, hasta Dios, si existe, es de derechas. Me cansé de hablar con los perdedores que viven de deseos, ahora prefiero charlar con los malos, con los de derechas pero con los de arriba que están más en el mundo, entre todas esas conversaciones y audiciones variadas, me he hecho rico en conocimiento y lo que me queda por escuchar.

En el asunto de la izquierda comunista, he pasado de Ramón Tamames, Ignacio Gallego, Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri más Julio Anguita, a unos sujetos que no han servido ni para relevo generacional porque el relevo generacional consiste en guardar lo mejor de los anteriores y aportar ideas y estrategias nuevas alejadas de populismos, ignorancias, revanchas inútiles y odios. El secretario general del PCE ni recuerdo cómo se llama ni me interesa buscarlo y el tal Garzón, el ministro de la carne, escribió un libro en el que, según él, explicaba por qué es comunista y debo ser muy torpe porque no encontré esa explicación entre sus páginas. Me acuerdo cuando Ramón Tamames, en sus tiempos, y Julio Anguita, en el suyo, sacaban de sus casillas a Felipe González en Las Cortes. Tamames ha evolucionado hacia el liberalismo y neoliberalismo y a Anguita el grupo Prisa le puso a un periodista detrás para que lo mandara a los infiernos, el corazón del propio Anguita y hasta sus camaradas lo ayudaron en la empresa.

Ahora, cuando me conecto online con alguno de los actos de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM) escucho lo mismo que escuchaba en los años 70 pero con más palabrería fina, es aburridísimo. Ya se veía llegar esto en mis tiempos, el PCE fundó en 1979 el diario Mundo Obrero -que ya existía en la república- y no lo compraban ni sus militantes. Eso sí, la página entera de publicidad de El Corte Inglés no faltaba porque muchísimos comunistas están despistados pero El Corte Inglés sabía y sabe que también van comunistas a comprar en sus instalaciones.

En la Fiesta del PCE comí muy a gusto porque las distintas zonas de España montaban casetas con sus viandas típicas, me acuerdo del pulpo a la gallega, exquisito. En la Fiesta del PCE compré un pequeño busto de Lenin, que aún decora mi casa, y tres casetes del Dúo Dinámico porque yo al Dúo Dinámico lo escuchaba de pequeño pero nunca tuve discos de ellos. Aún disfruto de cuando en vez con esos casetes. Con el tiempo he comprendido lo que escribió Noam Chomsky: el mundo funciona, en el fondo, bajo la idea de Lenin: es una minoría quien lo conduce, una minoría que, como la famosa vanguardia del partido comunista, pelea y lucha entre sí, influye sobre el resto y hasta con frecuencia hace lo que quiere con las masas utilizando la ilusión de libertad. Ahora las está dominando mediante los artilugios digitales, el ser humano se aliena él solito persiguiendo la zanahoria de ser el rey del mambo toda su vida. Eso es lo que festejo ahora: conocer más allá del bien y del mal. No es muy divertido, pero es reconfortante, la libertad empieza con el conocimiento certero, escuchando y leyendo a unos y a otros sin pasiones y con toda la frialdad científica posible.


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