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La vida del revés

Pena de muerte contra el amor en el colectivo LGTB

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16 dic 2020 / 16:45 h - Actualizado: 17 dic 2020 / 07:18 h.
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  • Pena de muerte contra el amor en el colectivo LGTB

Que haya 124 Estados miembros de la ONU (64% del total) en los que los actos sexuales consensuales entre dos personas adultas del mismo sexo sean legales, podría parecer una buena noticia que hablaría de los avances que se están logrando en ese terreno. Pero no lo es.

Si hablamos de la legalidad de unas relaciones consentidas entre adultos ya vamos mal. ¿Cómo algo así puede ser ilegal? ¿Acaso nos planteamos si es legal la relación entre un hombre y una mujer en toda su extensión si es consentida? ¿Por qué en pleno siglo XXI se sigue criminalizando la homosexualidad?

Por otra parte, son 69 Estados miembros de la ONU los que criminalizan las relaciones consensuales entre personas adultas del mismo sexo. Además, Islas Cook (territorio no independiente de Nueva Zelanda) y algunas jurisdicciones de Gaza y algunas provincias de Indonesia, se suman a esta vergüenza que persiste en el tiempo.

La traca final llega gracias a los 6 Estados miembros de la ONU en los que la pena de muerte es el castigo legalmente prescrito para los actos sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo. Esta aberración se encuentra en Brunei, Irán, Mauritania, Nigeria (solo 12 estados del norte), Arabia Saudita y Yemen. Parece ser que en Afganistán, Pakistán, Qatar, Somalia (incluida Somalilandia) y los Emiratos Árabes Unidos, podría imponerse la pena de muerte en el futuro para aquellas parejas que mantengan relaciones sexuales consentidas siendo del mismo sexo las personas que las formen.

En países como en Polonia se encuentran con mucha frecuencia «zonas libres de personas LGTB». Previamente, se ha golpeado en la calle a los gais y lesbianas por el simple hecho de serlo y se les ha impedido tener una vida normal. Por supuesto, cambian de residencia. En países como Indonesia son frecuentes las «terapias de conversión», terapias que tratan a los gais y lesbianas como si fueran enfermos. Y estas terapias no son pocas en España; sí, en España. La Iglesia se encarga de montar estos numeritos tan vergonzosos como ridículos. Si alguien piensa que en España no falta camino por recorrer está muy equivocado.

Los gais y las lesbianas son personas normales y corrientes. Trabajan, algunos incluso forman parte de las comunidades parroquiales de la Iglesia española, tienen hijos a los que quieren y a los que educan con atención y pulcritud, tienen los mismos defectos que podemos tener el colectivo heterosexual y, desde luego, no cometen ningún delito al amarse.

Estas navidades no vendría mal que más de uno recibiese un regalo en forma de tolerancia. Porque, entre otras cosas, nunca sabemos bien por qué un adolescente anda deprimido, por qué un amigo no termina de ser feliz o si nuestro propio hijo está sufriendo porque cree que su orientación sexual le va a traer problemas en casa. Tolerancia y mucha más humanidad es lo que falta. Pensar que, en algunos países, a los gais los lanzan desde una azotea como castigo por amar a su pareja; pensar que en Rusia los gais y lesbianas son perseguidos con saña; me genera una enorme desazón. ¿Hasta cuándo? Y por si era poco, algún político español felicitando a los húngaros y a los polacos por su homofobia. Se me cae la cara de vergüenza.


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