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Viéndolas venir

Por debajo de la fresa

Álvaro Romero @aromerobernal1 /
18 nov 2019 / 08:47 h - Actualizado: 18 nov 2019 / 08:50 h.
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  • Por debajo de la fresa

Nos quitaban el trabajo, a pesar de que llegaban sin lo puesto, sin formación, sin defensa, sin hablar el idioma, sin apoyos, sin amigos, sin redes familiares y sin futuro, que ya nos valía. Y ahora resulta que las fresas se van a pudrir en Huelva porque no hay españoles dispuestos a recogerlas. Algo falla. Con lo ricas que están.

En los campos de fresa de Huelva hay tajo para 10.000 jornaleros, más o menos el mismo número de parados agrícolas de allí, pero solo medio millar de españoles ha levantado la mano, casi la mitad de ellos andaluces. Y eso que más de 10.000 andaluces (sí, solo andaluces) van cada año a Francia para la vendimia. Con lo lejos que está Francia, que diría el torero aquel... Está claro que algo falla. Porque las fresas están riquísimas y los andaluces son trabajadores por naturaleza. Y nadie da duros por pesetas.

Algo falla, seguro, por debajo de la fresa.

Y por debajo de la crisis, de los votos, de la tierra, de la realidad, de nuestras conciencias, de nuestra vergüenza. Algo tiene que fallar. Y la clase política, los empresarios y la gente de allí lo saben.

Lo más doloroso es que, mientras las recolectaban quienes las recolectaban, unos seguían manteniendo que nos quitaban el trabajo y otros ni siquiera hacían las cuentas que ahora se han visto obligados a hacer: que, por mil euros al mes, si hay que meter alquiler, comida y ropa, no termina de compensar. Otros mantendrán que, por mil euros al mes, si hay que meter vivienda, manutención, ropa y seguridad social, tampoco termina de compensar. O sea, que solo compensaría si vinieran de otro mundo a hacer lo que no se está dispuesto en este. Por eso hay un primer mundo y un tercero.

El problema es que la mayoría de nosotros vivimos en el segundo, en la entreplanta que nos han dejado la sinvergonzonería de quienes nos hicieron creer que los inmigrantes nos quitaban el trabajo y la desgracia de quienes se lo creyeron. Y así nos lucen el pelo, el corazón y el sombrero.


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