Por una pastoral de la diversidad en la iglesia católica

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17 may 2022 / 17:03 h - Actualizado: 17 may 2022 / 17:19 h.
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  • Por una pastoral de la diversidad en la iglesia católica

Hace 32 años, el 17 de mayo de 1990, la OMS retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. Este acontecimiento supuso un importante paso en el reconocimiento y aprobación de la diversidad sexual, afectiva y de género, por parte del organismo competente en materia de salud de la Organización de las Naciones Unidas. Por eso cada 17 de mayo celebramos el Día Internacional contra la LGTBIQ+fobia. Un día en el que nos posicionamos firmemente contra toda manifestación de odio, estigmatización, represión y violencia hacia las personas que compartimos diversidad afectiva, sexual o de género.

Es el día más oportuno para que los católicos y creyentes de todas las religiones, nos preguntemos si la religión, iglesia o comunidad de fe a la que pertenecemos, continúa odiando y rechazando a las personas LGBTIQ+.

En España existen varias iglesias cristianas inclusivas que no estigmatizan ni rechazan a las personas con diversidad sexual o de género: 1) La iglesia ecuménica de España, de reciente fundación, que ha creado la comunión ecuménica como instrumento de unidad entre comunidades cristianas diversas. 2) La iglesia de la comunidad metropolitana, formada por la unión de diferentes comunidades cristianas inclusivas y ecuménicas. 3) La iglesia evangélica española, de tradición reformada presbiteriana y metodista, en la que las personas y familiares LGBTIQ+, son totalmente acogidas y respetadas. Esta iglesia está firmemente comprometida en la lucha contra la LGBTIQ+fobia, da visibilidad a las personas con diversidad sexual o de género y trabaja un lenguaje inclusivo.

¿Se puede decir lo mismo de la iglesia católica, tan extendida e influyente en los cinco continentes? ¿Lucha contra el odio y la persecución que sufrimos? ¿O fomenta la LGBTIQ+fobia a través de su discurso y enseñanza?

Por desgracia, conocemos muy bien su posición. La iglesia católica, no solo hace poco por combatir el odio contra las personas LGBTIQ+, sino que, a través de su discurso, doctrina, disciplina canónica y normas morales, afianza el odio contra las personas con diversidad sexual y de género. Tristemente, ampara y protege a quienes, ejerciendo un ministerio dentro de ella, fomentan la aversión contra la comunidad LGBTIQ+ a través de homilías, sermones, discursos, pronunciamientos magisteriales u otro tipo de declaraciones.

El Catecismo de la iglesia católica, basándose en traducciones imprecisas de vocablos bíblicos, y en interpretaciones equivocadas y descontextualizadas de pasajes de la Escritura, afirma que las relaciones entre personas del mismo sexo son «depravaciones graves». En los números 2357-2359, defiende explícitamente que «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y contrarios a la ley natural, no proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual y no pueden recibir aprobación en ningún caso». Para el Catecismo la homosexualidad es «una tendencia o inclinación objetivamente desordenada».

Pero ahí no queda todo. En el número 2357, el Catecismo cita la declaración Persona humana, de la Congregación para la doctrina de la fe, que trata de ciertas cuestiones de ética sexual. Cabe resaltar que el contenido referenciado no se muestra explícitamente, ni es enseñado de forma igualmente explícita, pero sirve de manera indiscutible, para justificar la postura y actitudes de la institución. En el punto (o número) 8 de este documento publicado en 1975, y cuyas enseñanzas continúan en vigor, se dice que las personas homosexuales somos de dos tipos. El primero, aquellas «cuya tendencia, proviniendo de una educación falsa, de falta de normal evolución sexual, de hábito contraído, de malos ejemplos y de otras causas análogas, es transitoria o a lo menos no incurable, y aquellos otros homosexuales que son irremediablemente tales por una especie de instinto innato o de constitución patológica que se tiene por incurable». Y prosigue: «su culpabilidad debe ser juzgada con prudencia... En la Sagrada Escritura están condenados como graves depravaciones e incluso presentados como la triste consecuencia de una repulsa de Dios. Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen esta anomalía por esta causa incurran en culpa personal; pero atestigua que los actos homosexuales son por su intrínseca naturaleza desordenados y que no pueden recibir aprobación en ningún caso».

Después de escuchar tales insensateces, me pregunto: ¿es razonable y legítimo que, en pleno siglo XXI, la iglesia continúe defendiendo y enseñando, que las personas LGBTIQ+ somos depravados, desordenados, anómalos y de constitución patológica incurable? ¿Debemos seguir consintiendo que en el Catecismo se afirme que las relaciones homosexuales son intrínseca y objetivamente desordenadas, y que no proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual? ¿Debe la iglesia católica seguir diciendo que las personas homosexuales poseemos una tendencia desordenada que proviene de una educación falsa, de falta de normalidad en el desarrollo de nuestra evolución sexual, de un hábito contraído o de los malos ejemplos que hemos recibido en nuestra casa, o en el ambiente en el que hemos sido educados?

Después de 32 años del pronunciamiento de la OMS sobre la homosexualidad, y de la infinidad de estudios e investigaciones que sobre diversidad sexual y de género han sido publicadas, ¿debe la iglesia católica mantener este discurso homófobo, irracional y dañino? ¿Debemos mantener los brazos cruzados, tolerando que la declaración que cita el Catecismo, diga que la homosexualidad es una patología, en algunos casos curable y en otros irremediablemente incurable?

En el mundo estamos unos 1400 millones de católicos, de los cuales, según los porcentajes, unos 200 millones somos personas LGBTIQ+, prácticamente la misma cantidad de habitantes que tiene hoy en día Brasil. Si a los 200 millones, le sumamos los miembros de sus familias, más de 400 millones de católicos en el mundo, padecemos directamente a causa del odio, la estigmatización y el rechazo que existe en la iglesia católica, y que viene amparado por sus enseñanzas doctrinales. ¿Debemos seguir callados ante el odio y el rechazo que encontramos por parte de la institución católica? ¡Es momento de hacer algo al respecto! ¿No te parece?

Y aún me estoy quedando corto, si a los católicos LGBTIQ+ y a sus familiares, sumamos los miembros de otras iglesias cristianas con posturas inclusivas, los creyentes de otras religiones sensibles a la causa, las personas laicas de buena voluntad y los dirigentes políticos, cuya obligación constitucional es erradicar la discriminación y defender los derechos humanos, así como otros colectivos sociales hermanados y empáticos, conseguiríamos echar una mano al papa Francisco en su intención de reformar la iglesia.

El 5 de junio entrará en vigor la nueva Constitución Praedicate Evangelium, que Francisco ha aprobado, y con la que pretende dar un nuevo paso en la reforma del gobierno de la iglesia y su servicio en el mundo. En el contexto de esta reforma e impulsado por el espíritu de cambio que el propio Francisco ha traído al catolicismo desde su llegada al papado, propongo el desarrollo y constitución de la demanda pública, respaldada por las firmas de cuantas personas coincidan en la necesidad planteada de crear una pastoral de la diversidad en la iglesia católica, de manera abierta y visible, con la intención de comenzar un proceso de reconstitución del discurso que la propia institución mantiene frente a la homosexualidad en particular y la diversidad sexual y de género en general, con la participación activa del cuerpo constitutivo de la iglesia: los fieles. ¿Te unes a esta solicitud pública y directa al papa Francisco?

He llamado a la campaña: Por una pastoral de la diversidad en la iglesia católica. Pidamos al papa que:

1) Fomente la creación y el crecimiento de una pastoral LGBTIQ+ en la iglesia católica.

2) Respalde explícitamente a las personas y grupos de católicos LGBTIQ+ que ya existen y trabajan por la inclusión en la iglesia, incluso contra la voluntad de los obispos y sacerdotes locales en las que se inserta su ministerio.

3) Congregue a teólogos, autoridades, académicos, pastoralistas, biblistas y traductores, para guiarlos hacia la reflexión y replanteamiento de la postura doctrinal, moral y canónica de la iglesia ante la sexualidad, el papel de la mujer en la sociedad y la iglesia, y las diversas realidades LGBTIQ+.

La forma de colaborar y apoyar esta campaña es muy sencilla: firma en change.org Por una pastoral de la diversidad en la iglesia católica. Y reza: pídele a Dios que impulse esta iniciativa. Dos acciones muy sencillas, pero que pueden tener un calado muy importante.

Eres únique e irrepetible, Dios te ha creado así, atrévete a ser tú misme.


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