Los medios y los días

Pregunto por qué hay pobres y me llaman comunista

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23 ene 2022 / 04:12 h - Actualizado: 22 ene 2022 / 12:12 h.
"Los medios y los días"
  • Pregunto por qué hay pobres y me llaman comunista

“Demoledor informe. Cada día hay un nuevo milmillonario en el mundo, mientras el 99% de la humanidad se empobrece. Un informe de Oxfam Intermón detalla que cada 26 horas hay un nuevo milmillonario en el mundo mientras que los ingresos del 99% de la humanidad han empeorado por la pandemia”. Así encabezaba Quique Hernández una información hace unos días en la web de La Sexta.

Las desigualdades contribuyen a la muerte de al menos 21.300 personas cada día, lo que equivale a una persona cada cuatro segundos, recogía también el “demoledor informe”. Y más: las diez mayores fortunas del mundo poseen mayor riqueza que los 3.100 millones de personas más pobres. Y otros datos, esta vez para ir con la moda de lo políticamente correcto, dos factores más que sumar a las desigualdades globales: la violencia de género y las emisiones «de los más ricos» que «hacen arder el planeta».

Bueno, ¿y qué? Así llevamos toda la vida, ¿qué vamos a hacer? Porque cuando grupos de seres humanos se han organizado contra los abusos de los que viven arriba, como diría Bertolt Brecht, o bien cuando la gente ha votado a opciones políticas que han creído que las ayudarían a salir de esta situación hemos llamado a los vencedores anacrónicos, comunistas, asesinos, genocidas, tiranos y qué se yo cuánto más. Les hemos hecho el cerco y la vida imposible, lo cual, unido a la propia naturaleza humana -la de Hobbes, no la de Rousseau ni del cristianismo- ha devenido en fracaso. Pero ni el liberalismo ni el neoliberalismo ni el socialismo ni la socialdemocracia ni las terceras vías ni el fascismo ni el nazismo nos han sacado del hoyo. Claro que la pobreza ha disminuido pero la ruindad del humano y su desprecio por la empatía son obvias, es más, en el mundo mandan quienes tengan menos empatía. Los curas, los poetas, los filósofos, los místicos en general, resultan ser absorbidos o marginados por quienes dicen los informes “demoledores” que contaminan el planeta y, a corto y medio plazo, acaban ganando la partida, al contrario de las idioteces que nos colocan en las películas y en las series. Sobre el papel o ante una pantalla, escribiendo, el humano arregla el mundo y convierte su deseo en una realidad que es por supuesto imaginaria. Los superhéroes con los que millones de personas se distraen no existen, los crean quienes originan la pobreza para darle pan y circo al personal.

En el gran teatro del mundo cuya obra ha sido creada por la cultura mercantil -que somos nosotros mismos- hay papeles para todos, al famoso Chomsky le han dado el papel de antisistema, a Giddens y a Vattimo los de socialdemócratas, a Byung-Chul Han el de filósofo de moda progre socialdemócrata, a los casi olvidados Oliver Stone y Michael Moore los de antiamericanos progres del cine con premios y todo. Todos los nombrados han actuado según su libertad de expresión. Julian Assange ha ido más lejos y lo están matando. La inmensa mayoría de los ciudadanos no conocen a ninguno de los nombrados, pero a todos les resultan familiares los nombres de los superhéroes con los que el sistema les permite hacer catarsis. Se ha descubierto la cuadratura del círculo, mientras más libres somos, menos empatía atesoramos.

“Hay que concienciar de esto o de lo otro”, afirman las palabras lindas por aquí, allá o acullá. ¿A quién? A la gente, se supone. ¿Y a la gente qué le importa lo que ocurre? Con una pequeña donación limpian sus conciencias. Cuando yo era un mico pedía dinero para el Domund por el centro de Sevilla con una hucha de cerámica que era la cabeza de un negrito o de un chinito. Ahora, jóvenes de buen corazón te detienen para decirte que hay cáncer, pobreza, miseria, guerras, y que te abones a esta ONG o aquella para al construir una escuela por ahí lejos, al menos. Probablemente alguno de estos jóvenes dentro de cincuenta o sesenta años esté como yo procedo ahora: preguntándose qué narices significó aquella actitud mendicante y por qué, como afirmaba el obispo de Recife, Herder Cámara, cuando le daba limosna a los pobres lo llamaban santo y cuando preguntaba las causas de la pobreza lo tachaban de comunista.

Todo es muy deprimente, lo sé, y eso no gusta a los lectores. Lo que sucede es que yo estimo que sólo viendo las cosas como creo que son se puede intentar mejorarlas.


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