martes, 11 agosto 2020
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Probando itinerarios

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10 mar 2018 / 22:40 h - Actualizado: 10 mar 2018 / 22:55 h.
"Cuaresma"

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Lo han visto ustedes a lo largo de la semana. Las cofradías, una vez más, salen a probar itinerarios, estrecheces y nuevas alternativas por unas calles del centro que, pobrecitas mías, no tienen ni idea, en su rutina de marzo, lo cerca que está la Semana Santa. De repente, un bullir de charlas, la voz de un capataz, un manojo de costaleros, las novias, las mujeres, los niños, y hasta las abuelas, que el otro día vi tras una parihuela de ensayo, a una señora octogenaria con un andador al ritmo que marcaba el movimiento de esa estructura que, en pocos días, será el templo callejero para la Virgen de su devoción.

Salen a probar las cofradías, algunas veces, no para ver si cabe, sino para comprobar que «no cabe». En el pensamiento de muchos –aunque poco a poco se van descabalgando del pollino– la innecesaria transformación de una Semana Santa por la que sólo hacen llorar y llorar. Salen con el palio montado, con el misterio montado, no con la ilusión con la que el Polígono o la Redención han alterado sus itinerarios, sino con la ilusión de que aquello que se propone alterar y herir en su recuerdo no sea posible, y todo quede como está. El inmovilismo cofradiero, que algunos comentan y describen y parece imaginado, pero ahí lo encuentro y lo vivo.

Probar nuevos itinerarios, nuevas opciones de paso en las que mantener viva la Semana Santa de Sevilla, más que un castigo o una importunidad, me parece precisamente lo contrario: una preciosa oportunidad de regenerar, de resaviar (dar savia nueva) lo que está a veces resabiado y re-la-mi-do, musiquilla repetida que sólo eleva los espíritus de aquellos que –yo el primero– vamos a encontrarnos, por cabezonería, con ese paso en esa esquina y pare usted de contar.

Vamos a meternos todos, yo también. Los cambios que haya que hacer, si lo que permiten es que siga saliendo tal o cual cofradía, en el orden que sea, en el sitio que sea, bienvenidos sean. No vayamos a ponernos como en Madrid o Barcelona, que dados los riesgos que tiene el tráfico rodado, las cofradías tienen que conformarse con sus barrios o con el parque temático peatonalizado del centro histórico, plenamente romántico pero menos útil en lo pastoral, y para eso fundamos del siglo XVI en adelante las hermandades de penitencia. Sigamos probando itinerarios. ¡A esta es!


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