jueves, 02 diciembre 2021
13:47
, última actualización
La Tostá

¿Qué hacemos con el placer?

Image
Manuel Bohórquez @BohorquezCas
22 nov 2021 / 06:35 h - Actualizado: 22 nov 2021 / 06:40 h.
"La Tostá"
  • Churros. / EFE
    Churros. / EFE

TAGS:

Me han aconsejado que pierda veinte kilos, como mínimo. Ya me aconsejaron hace cuatro años que dejara de fumar y lo hice. Llevo justamente esos años sin llevarme un maldito cigarro a la comisura de los labios. Dejé la pesca deportiva, el fútbol, el cine fuera de casa, y más cosas. También las mujeres. Dejé casi todo lo que no es imprescindible para vivir y no lo llevo mal. Estar enamorado es maravilloso, y lo estuve hace años hasta las trancas, pero también lo es no estarlo, como ocurre desde hace mucho tiempo.

Se preguntarán que cómo se puede evitar no enamorarse, siendo tan enamoradizo como siempre he sido. Es algo que se puede evitar con unos sencillos ejercicios mentales, como pensar mucho en una mujer, por ejemplo, que te guste de verdad, y decir como la zorra de la fábula ante el apetitoso racimo de uvas: “Esas uvas están verdes”. Mínimo treinta veces al día, para que funcione.

Me gusta con locura una bailaora de Sevilla, de las clásicas, pero como no quiero líos veo sus vídeos y digo constantemente, en alta voz: “¡Baila menos que un grillo mojao, por Dios¡”. No es verdad, es una maravilla, pero como no podría estar con una bailaora que no bailara con el arte de La Macarrona y La Malena juntas, suelo hacer eso. ¿Qué hacemos, entonces, con el placer del amor? Jodernos. No hacernos el amor a nosotros mismos, que eso tiene otro nombre, sino aguantarnos las ganas. Sabrán lo que dijo Manuel Machado en una soleá prodigiosa:

Me he enamorado de ti
y es enfermedad tan mala
que ni la muerte la cura,
según dicen los que aman
.

Lo de dejar de comer me está costando más trabajo. Desayuno cada mañana en El Casino, de La Puebla del Río, o churros enfrente una o dos veces a la semana. Y mientras estoy devorando una tostada con mantequilla y jamón de york o una bandeja de calentitos que no se la saltaría un galgo, pienso en qué llevarme para almorzar. Y mientras almuerzo, qué podría cenar. Sin tabaco y mujeres, solo en el campo respirando aire puro y oliendo el mosto de Manuel el Bolero, de Villamanrique de la Condesa, que me pilla a tiro de piedra, comer es un placer irresistible. Si dejara de comer un solo día no me moriría de hambre, sino de pena.


Edictos en El Correo de Andalucía Empleo en Sevilla