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¿Quién ayuda?

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29 sep 2019 / 08:05 h - Actualizado: 29 sep 2019 / 08:05 h.
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  • ¿Quién ayuda?

Construir una sociedad desde el Bien Común es, desde luego, un gran aliciente. La pregunta que nos debemos hacer es la siguiente ¿Quién ayuda, de verdad, a transformar el mundo?

La respuesta que deberíamos darnos, no es otra que recordarnos, que todas las personas de buena voluntad lo pueden lograr. Hay muchas mujeres y muchos hombres, más de los que podamos imaginar, que viven fomentando el Bien Común. Nadie tiene la exclusiva y, desde luego, entre todos podemos cambiar todo aquello que es negativo para construir una sociedad justa y solidaria. Nunca he entendido el porqué los políticos consideran que son los únicos que tienen la patente de cambiar el mundo.

Estamos de nuevo en periodo electoral, es un decir. La segunda pregunta que nos deberíamos plantear es ¿por qué en abril comenzó una nueva campaña, justo después de que se tuvieran los resultados electorales?

En estos momentos se vive una verdadera disociación entre la clase política y del resto de las personas que consideran que existen problemas con soluciones complicadas que los diputados y senadores no tienen presentes, ya que están preocupados, casi de manera exclusiva, de cómo conseguir ser los únicos protagonistas de la historia ¿Qué deberíamos hacer las personas que no nos dedicamos a la política para hacerles entender que hay que trabajar con espíritu de servicio para lograr un espacio de convivencia y de crecimiento conjunto?

No me atrevo a pronosticar qué resultados tendremos el 10 de noviembre; pero sí quiero dejar constancia que Ciudadanos podía haber hecho un gobierno de coalición con el PSOE, sumaban 185 escaños y, también, que el PSOE podría haber hecho el esfuerzo de haber tomado la iniciativa para intentar convencer a Ciudadanos. No se ha querido activar esta doble vía y, esto la sociedad lo sabe y lo conoce; por lo tanto ambos partidos han perdido la oportunidad de generar un gobierno estable ¿pagarán en las urnas esta falta de entendimiento? a lo mejor no del todo; pero sí les puedo asegurar que muchos ciudadanos lo tendrán presente a la hora de emitir el voto pensando que existe una segunda oportunidad.

Por mi parte, vuelvo a señalar que el Tejido Empresarial es quien tiene una gran responsabilidad para transformar el mundo. Los políticos también, pero no disponen de la última palabra, y mucho menos de la exclusiva.

Los emprendedores y empresarios pueden hacer, si se lo toman en serio, que nuestro mundo sea diferente. Sus inversiones deberían de contemplar siempre un espacio para la acción social tutelando programas y proyectos que, alejados de la política, buscaran el Bien Común.

Es necesario redescubrir que la sociedad precisa de emprendedores sociales y, en cada persona, puede hallarse el embrión que lo conduzca a realizar proyectos sociales. Ser emprendedor social está ligado con ser empresario, dado que este último, si tiene principios éticos, lo que desarrolla a través de su iniciativa empresarial es un proyecto social. Lo que hay que añadir es un compromiso de generar riqueza social, esto lo señalaba la pasada semana.

El empresario ayuda al desarrollo social si entre sus objetivos existe el lograr una sociedad más justa. Considero que de esta forma se ayuda, de verdad, a cambiar el mundo. Para preservar al mundo de todo lo negativo que las personas generamos es necesario contar con la voluntad firme del Tejido Empresarial de diseñar un modelo de empresa que ayude a generar riqueza social.

Los problemas a los que se enfrenta la sociedad pueden ser resueltos, en una buena parte, por el esfuerzo que puedan aportar empresarios de bien. No basta con generar un proyecto grande, de inmensas magnitudes, teniendo como objetivo único ganar y ganar dinero; es necesario fomentar un gran proyecto, en donde la grandeza sea mirar hacia la dignidad de las personas. No importa el volumen de facturación, lo que debe de primar es cuidar a las personas que trabajan en el mismo. Muchos pequeños proyectos pueden convertirse en un gran proyecto.

Para poder poner en práctica lo anterior es necesario la implicación directa de las personas que trabajan en las empresas y negocios. Hay que buscar un nuevo espacio de relaciones entre el emprendedor, el empresario y el trabajador. Entiendo que para que el proyecto tenga viabilidad es necesario sentirse corresponsable y animador del mismo.

De esta manera comenzamos a transformar el mundo y, lo hacemos, en equipo. De forma sencilla, y casi sin darnos cuenta, empezamos a cambiar los parámetros que miden el desarrollo y la evolución de las empresas, al mismo tiempo que logramos la participación de las personas en los proyectos empresariales.

Si este es el camino escogido, podremos hacer que muchos proyectos actuales puedan sumarse a una visión diferente en lo que respecta a la implicación de la empresa en la sociedad.

La sensibilidad empresarial debe nutrirse, ante todo, de la búsqueda de la dignidad de las personas. Un empresario que se deje impregnar por esta dimensión es capaz de ser un punto de apoyo para todos aquellos que quieran seguir este camino; no digamos si, en nuestro país, conseguimos que un cinco por ciento el tejido empresarial tenga esta sensibilidad. Los desayunos que se impulsan desde el trabajo conjunto, entre la Fundación Chávarri por el Bien Común y la Universidad Nebrija, pretenden este objetivo.

La Fundación Chávarri por el Bien Común está desarrollando con Cáritas Honduras y con cuatro cooperativas de este país un proyecto conjunto, buscando fomentar la Dignidad de las personas. Es un ejemplo que aspira, con humildad, a ser un caso para estudiar en las Escuelas de Negocio. Espero, a final del mes de octubre, escribir sobre este proyecto. Es un testimonio vivo de lo que puede significar la aplicación del Bien Común desde la Doctrina Social de la Iglesia. Un proyecto similar se pondrá en marcha en Tanzania. Ambos proyectos tendrán una incidencia positiva en España ayudando, entre otras personas, a colectivos vulnerables de nuestro país. El eje que vertebra esta iniciativa empresarial es construir un proyecto social basado en la generación de riqueza social. No un proyecto grande; pero sí un gran proyecto. Con este espíritu, desde la Fundación, se está ayudando a patrocinar un Curso de Postgrado en ESADE para entidades sociales.

La próxima semana intentaré responder a las preguntas que he dejado escritas más arriba en relación con los políticos y las elecciones del próximo 10 de Noviembre. Mi reflexión irá en la dirección de buscar un consenso social entre el tejido empresarial y el nuevo gobierno para potenciar un espacio adecuado que genere riqueza social. De esta forma podremos descubrir por nosotros mismos quién ayuda, de verdad, a transformar el mundo.


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