viernes, 24 enero 2020
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, última actualización

Quiero volver

08 sep 2018 / 22:23 h - Actualizado: 08 sep 2018 / 22:26 h.
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Todo quedó en silencio. Las 300.000 personas allí congregadas, según las previsiones, más que en la procesión de Pentecostés, menos... , según con quién hables, callaron al unísono. Había pasado ya la casa de las camaristas, ese momento que sirve de ecuador en el recorrido, y el paso, como nunca antes desde el tempranero salto -la noche del viernes, todavía día 7-, firme, recto, sin titubeos, sobre los hombros de los almonteños, llevó a la Virgen del Rocío al monumento que recuerda en el Real su coronación casi centenaria, motivo de esta salida extraordinaria. Los tamborileros de Almonte, sobre un escenario montado para la ocasión, interpretaron dos palos de las sevillanas que el canónigo hinojero Muñoz y Pabón, promotor del acontecimiento, compuso para la ocasión; el cielo se llenó de colorido con una nueva tanda de fuegos artificiales lanzados desde el tejado de la ermita -ya habían lanzado en la salida, al paso por la casa de las camaristas (desde su patio) y por el vecino bar Paco Triana-, y a continuación de los tamboriles y gaitas surgieron las notas de la salve de Pareja Obregón. El conocido «Olé» fue brotando de los labios de cada uno de los presentes, con cada verso se fueron sumando más rocieros que acabaron entregándose por completo a la Reina de las Marismas que, en esta fecha fuera de su calendario, habían acudido en masa a su llamada. Las lágrimas no encontraron contención y los corazones, desbordados, el consuelo ansiado. Todos a una, sin Simpecados ni medallas, todos en torno a la Virgen, sin más.

O con todo. Porque todo contribuyó a convertir este momento multitudinario en un tiempo propicio para la oración. Desde el canto comunitario al silencio de cada alma. La intensidad de una noche que empezó antes de lo previsto-deseado. La eclosión de los fuegos artificiales que generaban un ambiente festivo al que se unía la iluminación extraordinaria en colores vivos que representaban el anagrama de María y el logotipo del centenario. Las colgaduras y los adornos de muchas fachadas, fueran casas de hermandad o particulares. La estampa recuperada excepcionalmente del palio con bambalinas y las flores maravillosas de Mamé de la Vega en los varales de la cuatro esquina.Sin más y con todo... para cantar comprometido «a El Rocío yo quiero volver».


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