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Los medios y los días

Racista, machista, ¡ya está bien!

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08 abr 2021 / 04:33 h - Actualizado: 07 abr 2021 / 20:34 h.
"Los medios y los días"
  • Racista, machista, ¡ya está bien!

Habrá que decir algún día hasta aquí hemos llegado para no tolerar nunca más una acusación gratuita de machismo o racismo. Lo digo por los recientes casos de Juan Cala, jugador del Cádiz, en su conflicto con el jugador del Valencia Mouctar Diakhaby, de raza negra, y por las acusaciones de Rocío Carrasco contra su exmarido Antonio David Flores.

Aquí ya basta de que alguien te acuse de algo para que te llamen racista o te echen del trabajo por machista, o sea, primero se dispara y luego se pregunta, la presunción no de inocencia sino de culpabilidad, los juicios paralelos basados no en hechos sino en palabras de unos y otros, sin testigos de por medio reconocidos por la justicia o simplemente inexistentes, como en la guerra civil, el nuevo fascismo, pero al revés.

Juan Cala ha hecho muy bien en querellarse contra todos aquellos que, a las primeras de cambio, presuntamente han manchado su nombre, no se puede seguir tolerando esos comportamientos; entre racismos, microrracismos, micromachismos y machismos, así, todo lanzado a la ligera, esta sociedad se va volviendo algo invivible y lo mismo que no es no cuando la mujer no consiente relaciones sexuales va a ser que no es no cuando se pretende criminalizar a alguna persona por palabras que o no ha dicho o es indemostrable que las haya pronunciado. Desde hace tiempo y sin que nadie lo remedie, los hombres somos sospechosos, violadores en potencia todos, ya lo dijo la juez Carmena: los hombres llevamos la violencia en nuestros genes y por tanto se supone que somos culpables sólo por haber nacido varones. Da miedo que esta mujer sea juez, lo mismo que da miedo la reconversión del juez Marlaska y da aún más reparo imaginar que puedan existir en la carrera judicial profesionales que juzguen más con ideologías y con culturas que se derivan de lo político y lo emocional y no de la aplicación ciega de la ley.

Es necesario perderle el miedo a la nueva dictadura del buenismo, ni un señor de raza negra es bondadoso porque lleve ese color ni una mujer lo es por el hecho de serlo ni tampoco un islamista, un inmigrante o un homosexual, no podemos pasar de reírnos y abusar de personas a empoderarlas de esa manera hasta el punto de que paguen justos por pecadores.

En cuanto a Rocío Carrasco y Antonio David Flores, vale, la gente -de aquí y de allá, esto no es un fenómeno español porque tenemos reciente la entrevista de los Duques de Sussex y el color del futuro bebé-, la gente, decía, ahora y siempre, ha sufrido y sufre un altísimo déficit de vida interior, de ahí que se desespere con el “encierro” de la pandemia. Antes fue el pan y circo y eso en su esencia no ha cambiado, seguimos asistiendo a demostraciones de pan y circo (pan para el listo que las protagoniza y circo para quien acude al espectáculo) con las que se duerme a gran parte de la población, si en el primer episodio de la serie en la que Rocío Carrasco narra, cobrando, lo desgraciada que fue, de cada cien personas sentadas frente al televisor más de treinta estaban escuchando a la hija de una artista de la copla, eso va a seguir ahí, hoy con Rociito, mañana con cualquier otra Cenicienta y pasado mañana con Perico el de los Palotes; salvando las distancias, es un fenómeno parecido al de las radionovelas del franquismo, caso de Ama Rosa y sus desgracias. A la gente le gusta ver cómo sufren los demás y cómo es la vida de quienes no se han limitado a teñirla de rutinas como la mayoría de la población hubiera deseado hacer. O. simplemente, hay a quien le gusta relajarse y pensar con estos espacios.

¿Quiénes son Rocío Carrasco y Antonio David? Nadie, hijos, yernos de. Pero, por ellos mismos, nadie. A la gente le gusta escuchar lo que brota de ese tipo de cerebros, pues que los vean hasta hartarse, pero de ahí a que sus palabras o las de un futbolista porque sea negro ya valgan para que se acuse y se desarrollen juicios paralelos tomándose la justicia por el capricho de cada cual va un abismo y además es un delito. ¿Cómo juzgar a los públicos? ¿Y a las televisiones que inducen a estos hechos? ¿Les van a quitar los derechos de emisión que los concede el gobierno? Aquí no hay bemoles para eso, hasta ahí no llega el autodenominado progresismo, es más, ha terminado apoyando todo el desmadre.


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