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Crónicas dominicales

Rafael Montesinos: un respeto a su memoria, por favor

En 2020 se cumplió el centenario del nacimiento de Rafael Montesinos (Sevilla, 1920-Madrid, 2005). Nació en la calle Santa Clara, una placa lo recuerda y un logotipo mercantil, debajo, demuestra el desprecio por el poeta y ensayista.

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14 nov 2021 / 04:00 h - Actualizado: 14 nov 2021 / 04:00 h.
"Crónicas dominicales"
  • Casa natal de Rafael Montesinos en la calle Santa Clara. Foto, Ramón Reig/El Correo.
    Casa natal de Rafael Montesinos en la calle Santa Clara. Foto, Ramón Reig/El Correo.

No es que pretenda que lo declaren santo porque santo no era Rafael, pero de ahí a olvidarlo casi completamente -pongamos que era por el virus-, colocar debajo de la inscripción de azulejos que lo recuerda un horrible logotipo empresarial y más abajo una pintada, tampoco.

Rafael Montesinos, la reencarnación de Gustavo Adolfo Bécquer, uno de los grandes especialistas en el poeta de las Rimas que nació algo más allá, en la calle Conde de Barajas, ambos pertenecientes a la parroquia de San Lorenzo. Montesinos, que se lo llevaron a Madrid en 1941 y jamás olvidó Sevilla (“He vivido cuatro días; tres no fueron sevillanos. Llevadme a la tierra mía”). Montesinos, con sus jardines poco antes de la entrada al puente de Triana desde Sevilla, inaugurados en 1995. Le pusieron esos jardines porque vivió en la calle Reyes Católicos, cuyos balcones daban al río, frente a Triana... “Balcón de mi adolescencia, / balcón, / de todo lo que yo he sido, / sólo tu altura quedó. / ¿Quién te pone ahora visillos / donde puse el corazón?”. Rafael Montesinos, Premio Ateneo de Madrid, Premio Ciudad de Sevilla, Premio Nacional de Ensayo por una de sus investigaciones sobre Bécquer. Montesinos, Hijo Predilecto de Andalucía, autor del impresionante libro de poemas De la niebla y sus nombres, tratado así en su ciudad. Hay que levantar bien alta la voz por estas cuestiones porque los hijos ilustres de Sevilla empiezan a no merecer a sus autoridades ni a nosotros sus paisanos.

Rafael Montesinos: un respeto a su memoria, por favor
1995. Rafael Montesinos «agarrado» a sus jardines. Le acompañan, entre otros, Ramón Reig, Miguel Sánchez Sobrino y Antonio García Barbeito. Archivo de Ramón Reig/El Correo.

Una veintena de libros de poemas editados, cuatro en prosa con temas centrados en sus vivencias y en Andalucía, y tres de ensayo entre ellos el magnífico La semana pasada murió Bécquer. Gracias a Rafael sabemos, por ejemplo, que la famosa rima A Elisa no es de Bécquer sino de su imitador Iglesias Figueroa. El Colectivo Cultural Gallo de Vidrio, con el impulso del amigo de Montesinos, el profesor, periodista y poeta José Manuel Gómez y Méndez, le mostró su admiración con ese recordatorio en la fachada de su hogar natal, ahora deslucida por una ilustración que no merece el lugar histórico en el que se halla. Tampoco se ha respetado la puerta de entrada a una casa sevillana que, como dijo el poeta, contaba “con cancela, patio y palmera”. Los autores de algo tan incoherente pertenecen a la empresa Taüver (https://www.tauver.com/) cuyo eslogan es: “El compromiso de hacer las cosas bien”. No lo dudo, se dedica a la decoración, su web afirma que se trata de “una empresa especializada en el sector de muebles de cocina y armarios de alta gama”. Pero en este caso ha cocinado un plato de mal gusto para colocarlo en la fachada de la casa natal de un autor de alta gama para el patrimonio de Sevilla. Claro que la responsabilidad última no tiene porqué recaer en la empresa sino en las autoridades municipales que hacen la vista gorda ante este escenario.

Rafael Montesinos: un respeto a su memoria, por favor
Detalle del recordatorio del nacimiento de Rafael Montesinos y una parte del logotipo. El Correo.

Gracias a un artículo publicado por Pilar Alcalá García con motivo de su centenario, podemos saber que hay quien se acordó del autor de Los años irreparables. En él, su autora observó:Ha querido la casualidad que en 2020 coincidan el 150 aniversario de la muerte de los hermanos Bécquer y el centenario del nacimiento de Rafael Montesinos, todos sevillanos. Rafael Montesinos es el mejor de los biógrafos de Gustavo Adolfo Bécquer y, si bien nunca se conocieron físicamente, nos atrevemos a decir que fueron amigos, como fueron vecinos. Hay incluso quien piensa que Montesinos es la reencarnación de Bécquer. Ambos nacieron en el barrio de San Lorenzo y ambos están bautizados en la pila de la iglesia de San Lorenzo, ambos se marcharon a Madrid y allí murieron, para regresar a su Sevilla natal y pasar en ella la eternidad. «La muerte va sembrando, al pie de un muro / blanco con nombres, su letal simiente. / Se la escucha llegar, se la presiente, / va desde lejos con su andar seguro».

Según la citada autora, dicen que su tata Concha, al poco de nacer él, le dijo a su madre: “Ay, Luisa, por este niño colocarán una lápida en la puerta de casa”. Allí está la lápida, allí está también la falta de sensibilidad con el creador sevillano universal, es una vieja costumbre en Sevilla, a finales de los años 70 estuvieron a punto de derribar la que tenemos como casa natal de Bécquer o lo que queda de ella. Lo impidieron los miembros de Gallo de Vidrio y el entonces concejal de Urbanismo, Víctor Pérez Escolano.

Montesinos manifestaba a menudo que se sentía exiliado de Sevilla, de ahí que lo tuviéramos por aquí con frecuencia, demostrando un conocimiento y sensibilidad hacia la Semana Santa, por ejemplo, dignos de alabanza. Afirma Pilar Alcalá: “Todo en Montesinos tiende a la nostalgia y a la melancolía, es herencia de su madre, pero su infancia fue feliz, descubrirá Alájar y se enamoraría perdidamente de Rosalía en la calle Almirante Ulloa, pasaría magníficas temporadas en la huerta Tarazonilla, en la vega de Carmona, donde el poeta asegura haber pasado los años más dichosos de su vida”.

La citada autora recoge también algo clave en la vida del poeta: “la melancolía irá desapareciendo de sus poemas cuando conoce, en 1953 en una lectura de poemas de Gerardo Diego, a la pintora Marisa Calvo, el amor de su vida y a quien llamaba «el país de la esperanza», con quien se casará en 1955 y con quien tendrá dos hijos. El pasado 30 de septiembre durante un homenaje a Montesinos en Sevilla, por el centenario de su nacimiento, su viuda dijo “que recordaba a Rafael con esa pena cabal de la alegría, y que no creía haberse aburrido a su lado un solo día. Su sentido del humor nunca le dejaba ser desagradable. Lo arreglaba todo con un poema y una discusión sobre poesía».

Escuché de sus propios labios su enamoramiento de Marisa. Cuando la vio por primera vez le dijo: “Vas a ser mi mujer”. Y así fue. Ella le ayudó a llevar una vida dichosa marcada no sólo por el exilio de Sevilla sino por su paso por el frente en la guerra civil, en la que combatió del lado de los alzados, hoy por tanto lo llamarían fascista aunque él es y fue, nada más y nada menos, que Rafael Montesinos, impulsor de diversos eventos y revistas literarias, compañero de tertulias de Manuel Machado, Gerardo Diego y Adriano del Valle, “profeta” de estos tiempos según Rafael Roblas quien, para cerrar el homenaje a Montesinos del pasado 30 de septiembre de 2020 en Sevilla, dijo: «Montesinos ya escribió jocosamente un poema a su centenario, en medio de una broma de poetas, y hablaba de nuestro tiempo y anticipaba los móviles y cosas parecidas... No sólo era un sentimental, también era un adivino sobre el día de hoy». En ese poema decía Montesinos que la luna ya sería un merendero, con orquestas y barmans y parejas de novios, y que la gente llevaría la radio en un anillo y podría ver el cine en tarjetas postales. También decía que él, desde su monumento en mármol puro, sentiría un “hastío inmortal”, quizás de ver rodar el mundo. Nosotros añadimos que ese monumento aún no ha llegado... Al revés, ya ven ustedes que lo que ha llegado ha sido la posmodernidad a la fachada de su casa.


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