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Pasa la vida

Reconectar la vivencia cultural del cine

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Juan Luis Pavón juanluispavon1
10 nov 2021 / 04:00 h - Actualizado: 10 nov 2021 / 04:00 h.
"Cine","Pasa la vida","Festival de Cine Europeo de Sevilla"
  • Foto: Lolo Vasco
    Foto: Lolo Vasco

¿Qué hacen cien personas a las doce y media de la madrugada de un sábado a domingo de noviembre, en la sala 1 del multicines Nervión Plaza, en Sevilla, escuchando al director de cine Nadav Lapid, israelí, hablar de su película 'Ahed's Knee' ('La rodilla de Ahed'), que acaban de ver, proyectada por el Festival de Sevilla en su idioma original en hebreo, con subtítulos en español y en inglés? Conocer de primera mano, por sus palabras y por sus gestos, el mundo interior de un cineasta sensacional que ha recibido en 2021 por esta extraordinaria e impactante película el Premio del Jurado en el Festival de Cannes. La bienaventurada osadía de un creador que se ha atrevido a desenmascarar el sistema de censura con el que los gobiernos israelíes intentan controlar la vida cultural en un país donde los ciudadanos que no optan por autocensurarse sufren el repudio de los compatriotas dogmáticos y predispuestos a eludir el espejo de las barbaridades que se perpetran en su nombre. La tormentosa capacidad de profundizar en experiencias y circunstancias muy personales hasta el punto de vertebrar una poética y contundente obra de arte de dimensión planetaria, y más allá del tiempo y del espacio israelí, sobre el desierto moral de la condición humana cuando deja de preguntarse el qué, el por qué y el para qué de sus hechos y de sus inercias. Ese vértigo existencial por el que nos guiaron sin autocomplacencia literatos como Joseph Conrad, Franz Kafka, Dino Buzzati y Vasili Grossman para vacunarnos de la sinrazón más alienante.

El Festival de Cine de Sevilla cumple 18 años en su refundación como certamen centrado en la producción cinematográfica desde países europeos. Ya dijimos como testigos de su alumbramiento que era una decisión acertada, dejando atrás la errónea tentativa de montar un evento dedicado monográficamente a películas y documentales de temática deportiva, lo que no tenía ni pies ni cabeza fuera de las pantallas de televisión. También fue muy sensato eludir la tentación de enfocarse hacia el 'glamour' de famoseo, mayormente un paripé hartible, y optar por caracterizarse en su razón de ser: cine, cine, y más cine. Estrechar lazos con la Academia Europea del Cine fue un primer pilar básico para referenciar el establecimiento de gran número de sinergias con entidades nacionales que promueven sus respectivos sectores culturales, amén de acuerdos con plataformas de exhibición de cine, con productores, con distribuidores, con medios de información general y con las universidades sevillanas, donde está uno de los segmentos de población más decisivos para lograr la utilidad cultural y social dentro y fuera de las salas de una iniciativa sustentada casi en su totalidad por dinero de los contribuyentes. Los que lo aprovechan, los indiferentes, los que ni se lo plantean y los que solo tienen tiempo para llegar a fin de mes.

Con las guías que ideamos en el diario que siempre habíamos querido se logró facilitar y forjar en los primeros años del Festival de Cine Europeo de Sevilla la indispensable conexión con la ciudadanía acostumbrada a ver cine en versión original subtitulada, proactiva para contemplar lo desconocido, y a la que se le queda muy corta al cabo del año la programación del Avenida Multicines como único espacio para la exhibición en pantalla grande de películas adultas con las que apetece más una conversación de café que un atracón de palomitas. El paradigma de la vivencia cultural del cine en versión original ha cambiado, y la pandemia covid lo ha acelerado: la hegemonía del sofá hogareño teniendo a mano las plataformas en internet de cine y series bajo demanda. Es enorme la producción audiovisual financiada por empresas dedicadas total o parcialmente hacia ese modelo de disfrute y pago, que aprovecha el terreno abonado durante décadas por las emisoras de televisión como oferta preferida de entretenimiento en pijama. Es sensacional la alternativa que ofrece Filmin a bajo precio para disponer en el 'smart tv' o en el ordenador de una enciclopédica cantidad y calidad de películas de todas las épocas y de numerosos países, con vocación de filmoteca al alcance de cualquiera. Y es creciente el hábito de publicar en las redes sociales lo que se ve desde el sofá, muchas veces en solitario. Ese es el contexto a tener muy en cuenta, ahora y en el futuro, por los responsables de cualquier certamen cinematográfico de titularidad pública. Ya no solo hay que hacer un esfuerzo por sacar de casa a quienes tienen poca cinefilia en sus venas, sino también a quienes les encanta el cine de autor pero están sobre todo enganchados con la tercera temporada de la cuarta serie que le recomendó su quinto mejor amigo.

Para reconectar la vivencia cultural del cine como experiencia compartida de modo presencial y en pantalla grande, hay que aprovechar muchas opciones: desde la interpretación de música en directo, a los complementos que puede aportar la tecnología de realidad aumentada, o potenciar la capacidad didáctica de directores, actores, guionistas, camarógrafos, montadores, etc, para sentir que estamos con ellos en la sala de montaje, y conversamos, descubrimos, aprendemos. Y para reconectar, y para reflexionar, nada mejor que elegir a cineastas como Nadav Lapid, que se atreven a hacer películas que son a la vez arte y debate, como se han atrevido algunos desde hace un siglo dentro y fuera de la meca hollywoodiense. Y que cuente en la sala 1 del Nervión Plaza cómo vive abrumado a diario la avalancha de mensajes que le llegan a su teléfono móvil, unos de agradecimiento por ser radicalmente libre y no tener miedo al ostracismo de la censura, y otros amenazantes por no soportar el rodillazo de verdades que desmontan el culto al patriotismo de autoengaño.


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