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La Tostá

Recordando a Manuel Mairena

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
01 mar 2021 / 08:38 h - Actualizado: 01 mar 2021 / 08:43 h.
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  • Manuel Mairena. / EFE
    Manuel Mairena. / EFE

En abril se van a cumplir ocho años de la muerte de Manuel Mairena, uno de los más grandes saeteros de la historia. Era el hermano pequeño de Antonio Mairena, solo de padre, puesto que Rafael Cruz Vargas enviudó de la mairenera Aurora García Heredia y se volvió a casar. Manolo tuvo la suerte de nacer en un pueblo, Mairena del Alcor, de gran tradición saetera, donde aún hoy hay grandes intérpretes de este palo flamenco como son Morillito, Antonio Ortega, los hermanos Cástulo, José de la Mena, Juan de Mairena o Antonio Ortega hijo entre otros. Pero además, Manolo tuvo a un gran saetero en casa, su propio hermano Antonio, que si bien como cantaor de otros palos tardó en cuajar, en la saeta tuvo más suerte y en los años treinta del pasado siglo ya destacaba en la Semana Santa de Sevilla, cuando había figuras del estilo como Manuel Torres, Manuel Centeno, la Niña de los Peines, el Niño Gloria, Manuel Vallejo, la Niña de la Alfalta o la Finito de Triana.

Con la referencia de su hermano, el menor de los Mairena, y el de mejor voz, se convirtió en un saetero imprescindible en la Semana Santa sevillana. No olvidaré jamás la saeta que le cantó un año a Nuestro Padre Jesús de la Salud, en la Plaza de San Román, con los gitanos llorando. Aquello no era cante sino llanto musicado, un dolor en verso. Esa misma mañana, en un bar cercano, los aficionados discutieron sobre quién de los dos hermanos era mejor saetero, si Antonio o Manolo, y concluyeron que este último. Y que nadie jamás, ni siquiera Manolo Caracol, le había cantado mejor al Cristo de los Gitanos de como lo hizo esa mañana el benjamín de la Casa de los Mairena. La última vez que hablé con él de este asunto, por teléfono, con motivo de la salida al mercado de su obra El Vía Crucis de Manuel Mairena (1997), me dijo algo que me conmovió: “Menos mal que en algo soy mejor que quien tú sabes”. Se refería a su hermano, lógicamente. Era porque lo dije en este periódico comentando la citada obra.

En otros palos, Manuel tuvo también una calidad indiscutible, como fueron las soleares, las seguiriyas, las bulerías para escuchar, los tientos y las tonás. En Con la verdad del cante (1980), su mejor disco, da una lección de cante que pocas veces se ha destacado. Estoy pensando en los cantes de la Moreno o en los tangos de Murciano, Soñé que Tomás el Nitri/ me llevaba de la mano. Pero hoy toca recordarlo por saetas, palo en el que reinó de una manera indiscutible.

Yo no sé si vas despierto, ay...
No sé si vas dormío, Cachorro, Cachorro mío...
Cuando pasas por el puente
Y te reflejas en el río
.

Ahí le ganó la pelea a su hermano Antonio. Jamás, nunca, una saeta tuvo tanta jondura y verdad emocional. Nadie ha superado aún esa manera de cantarle al Cachorro.


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