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Excelencia Literaria

Rectas torcidas

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17 oct 2019 / 14:17 h - Actualizado: 17 oct 2019 / 16:56 h.
"Excelencia Literaria"
  • Rectas torcidas

Por María Pardo, ganadora de la XIV edición www.excelencialiteraria.com

Dibujar es una afición que, al igual que la lectura y la escritura, nos permite evadirnos de la realidad y viajar a lugares insospechados. Por eso decidí tantear ese terreno durante el pasado verano. Pero donde solo esperaba encontrar entretenimiento, he descubierto mucho más.

Creo que lo mismo que se dice de los ojos, el dibujo es el espejo del alma y permite atisbar la personalidad del artista. Cuando hice mis primeros esbozos, yo, que soy perfeccionista, ansiaba encontrar el ángulo exacto, la línea precisa, la proporción milimétrica. Gastaba las gomas de borrar de tanto descartar imprecisiones.

Sin embargo, poco a poco dejaron de asustarme tales minucias. Aprendí a advertir el movimiento, a percibir el sonido e, incluso, a olfatear aromas donde antes solo veía formas. A veces descubría una oportunidad para cambiar de rumbo y acababa trazando algo inesperado. El resultado era siempre una delicia.

Entonces caí en la cuenta de que estos mismos preceptos artísticos se pueden aplicar a la rutina. Los pintores nos alarmamos con frecuencia si la pincelada se sale de las líneas. Nublados por la conmoción, no alcanzamos a ver más allá. En ocasiones preferimos estrenar otro papel, otro lienzo para realizar un nuevo esbozo, subestimando el esfuerzo que ha supuesto el trabajo anterior y todas las posibilidades que nos ofrece el error cometido. Y todo por un pequeño lapsus que, al rechazarlo, nos hacer perder la posibilidad de improvisar.

Dudo que el Diego Velázquez aprendiz rechazase, de forma tan rotunda, sus meteduras de pata. Trataría de estudiarlas para aprender de ellas y evitar que se repitiesen. Buscaría vías para encajar el estropicio en la generalidad del cuadro y, en vez de acobardarse, seguiría arriesgando con el afán de progresar. ¿Acaso muchos de sus retratos no muestran correcciones a ojos del espectador? Por tanto, ¿qué se hubiera perdido el arte universal si Diego se hubiera acobardado ante sus limitaciones?

No importa cómo de calamitoso sea el proceso de ejecución de una obra; lo importante es aprovechar esas imperfecciones para darle un nuevo aire. En definitiva, que no nos asuste trazar rectas torcidas.


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