lunes, 10 agosto 2020
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San Jacinto

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30 nov 2019 / 10:19 h - Actualizado: 30 nov 2019 / 10:22 h.
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  • Foto: José Luis Delgado
    Foto: José Luis Delgado

La función a Cristo Rey; el efímero altar de cultos ocupando el inmenso presbiterio; el tremendo concurso de hermanos... El rumor empieza a ser clamor. El futuro y la historia de la hermandad de la Estrella y el culto a sus imágenes sólo puede pasar por volver a la que -a pesar de los pesares- nunca dejó de ser su casa. Los hombres pasan pero las devociones permanecen y las voluntades no siempre son eternas.

La entrada en liza de nuevas voces ha abierto una puerta que, tantas veces, permaneció cerrada. La historia es de sobra conocida: las obras de remodelación y ampliación de la capilla y casa de hermandad de la cofradía del Domingo de Ramos han permitido recuperar una estampa que se creía ¿irrecuperable? en una situación en la que tenemos que volver a abrir los interrogantes sobre su supuesta provisionalidad.

Ahí llega la clave del asunto: El Señor de las Penas y la Virgen de la Estrella están en San Jacinto. Se supone que para sólo unos meses pero... ¿Para qué vamos a engañarnos? En el cuerpo de hermanos y la legión de devotos de las veneradas imágenes ya no se contempla otra opción que no pase por permanecer en el antiguo cenobio dominico, tantos años encerrado en un cristianismo de supuesta pureza y demasiados prejuicios.

Pero el único viaje natural posible para la hermandad es quedarse allí. La corporación podría encontrarse a las puertas de uno de los hitos más importantes de su centenaria historia. Mientras tanto, avanza el ambicioso programa de obras en una capilla que se pensó cómo casa de hermandad y se acabó convirtiendo en sede canónica durante casi medio siglo mientras los vientos posconciliares creaban demasiadas confusiones. La pregunta sigue ahí...


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