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La Tostá

Sánchez en Cataluña

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
16 sep 2021 / 10:17 h - Actualizado: 16 sep 2021 / 10:19 h.
"La Tostá"
  • El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder del PSC, Salvador Illa, se toman un café en una cafetería cercana a la sede de los socialistas catalanes en Barcelona. EFE/Toni Albir
    El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder del PSC, Salvador Illa, se toman un café en una cafetería cercana a la sede de los socialistas catalanes en Barcelona. EFE/Toni Albir

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Se habrán dado cuenta de que el presidente Sánchez se puso ayer una mascarilla sin banderita de España para lo de la mesa de negociación en Barcelona con los independentistas. No es que tenga mucha importancia, pero cada vez que veo algún detalle del presidente, de este tipo, tengo una tremenda sensación de inseguridad como ciudadano. Por si no fue ya bastante humillante este detalle y otros más graves, el chantaje de Rufián, que es lo menos que se despacha en político, asustándonos con el PP y Vox, o sea, con el fin del mundo, la muerte de la democracia y el fin de la paz social. Todo esto sería evitable si el Partido Socialista y el Partido Popular se entendieran en los momentos difíciles del país, pero ni en una pandemia ha sido posible que dejen a un lado sus intereses de partido y miren por el de todos los ciudadanos. Cada vez que hay algún acontecimiento como el de ayer, televisado, procuro no ver mucho porque acabo asqueado. En mi vida he tenido una bandera de España en mi casa, ni siquiera la del Betis, pero como español me duele que el presidente de mi país se parta el espinazo ante la de Cataluña y permita el cachondeo con la española cada vez que va a esa región. No sé si como respuesta a todo esto acabaré poniendo una bandera de España en el pino más alto de mi casa, a sabiendas de que me pueden quemar el pino e incluso la casa, conmigo dentro. En realidad me importa un pimiento que Cataluña se independice de España, porque vivo en el campo y me preocupan más otras cosas, como que en la Dehesa de Abajo, de La Puebla del Río, donde vivo, no dejen de poner nunca ese arroz con pato tan bueno que ponen o que pueda seguir comiendo albures en el Kiosco de Alfaro, de Coria del Río, que frecuento desde niño. Pero me gustaría un presidente que no piense tanto en la ola, en el complejo que le produce tener el oído virgen por parte de la oposición, y más en los españoles en general. Ayer solo pensó en seguir en la Moncloa y aguantó lo inaguantable.


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